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FIN DE EJERCICIO: BALANCE Y MEMORIA

FIN DE EJERCICIO: BALANCE Y MEMORIA

FIN DE EJERCICIO: BALANCE Y MEMORIA

FIN DE EJERCICIO: BALANCE Y MEMORIA

ejercicioEl fin de un año es un momento importante para revisar nuestra vida, nuestra cuenta de pérdidas y ganancias, no sólo en el plano económico, sino en el de nuestro desarrollo personal.

Al acabar un año todas las empresas hacen balance del ejercicio y redactan la memoria de sus actividades. La vida de cada persona también es una empresa que realiza día a día sus actividades, sobre las que debería reflexionar cada noche para llevar un control, ya que nada hay más importante que nuestro vivir. Pero hagamos “caja” cada noche o dejemos de hacerla, el fin de un año es un momento importante para revisar nuestra vida, nuestra cuenta de pérdidas y ganancias, no sólo en el plano económico, sino en el de nuestro desarrollo personal. Tenemos que preguntarnos si hemos ganado algo en nuestro ser como personas, si somos mejores o peores, o si estamos estancados en la mediocridad y la rutina.

Tener muchas cosas, consumir y gozar sin freno, no nos hace mejores personas. Lo que aumenta nuestra calidad, nuestro ser, es el desarrollo de nuestra capacidad de amar a los demás, de darnos a los demás y ser felices en ello. Nadie hay más pobre que el que gasta su vida en poseer cosas materiales, pues jamás estará satisfecho. En cambio, es verdaderamente rico el que es capaz de darse a sí mismo amando a los demás, pues experimentará el gozo de comprobar que cuanto más da más tiene. Todos creemos que el odio es destructivo, pero no creemos que el amor sea una fuerza capaz de renovarlo todo, quizá porque no sabemos amar, porque no hemos experimentado el gozo de buscar activamente el bien de quienes amamos.

En la contabilidad del ser, las ganancias están en relación directa con nuestra capacidad de darnos, las pérdidas en nuestro maldito egoísmo. Hemos sido creados para crecer, para desarrollar todas nuestras potencialidades, ponerlas al servicio de los demás y gozar con ello. Nos engañan los que nos quieren convencer de que nuestro destino es disfrutar de placeres sin cortapisa y volver a la nada. Quienes sólo tienen como horizonte definitivo la vuelta a la nada podrán decidir llevar una vida honesta y recibirán su premio por ello, pero otros muchos se refugiarán en su egoísmo y sus placeres, y terminarán siendo manipulados por los vendedores de mentiras.

Hay muchas cuentas en la contabilidad de nuestra vida. La cuenta más importante es la de “capital”, y este capital es el ser nuestra propia vida, que puede crecer o disminuir. Otra es nuestra familia, que hay que construir desde dentro en los valores permanentes de servicio, de compartir, abierta al mundo, pero enraizada en la solidaridad. La familia es una institución más fiable que el estado de bienestar, por lo que hay que cuidarla y fortalecerla. La cuenta de nuestra profesión hay que examinarla para ver si lo que hago, mi trabajo, redunda en beneficio de los demás o sólo pienso en lo que puedo obtener. Nuestras relaciones con los vecinos, los amigos, los compañeros, conviene examinarlas y mejorarlas.

Puede haber también partidas negras, que no quisiéramos ver, son las que anotan el daño que hicimos a los demás, que están necesitadas de restitución y de perdón. Otras partidas negras, que siempre tenemos presentes, son las que reflejan los daños que nos hicieron y que podemos cancelar con el perdón y el olvido. Quizá haya más cosas, pecados que están en nuestra conciencia, aunque tratemos de acallarlos, de justificarlos, de olvidarlos. También pueden ser canceladas estas partidas con el perdón que Dios nos ofrece. Puede que hoy no creas en Dios, pero mañana a lo mejor cambias de opinión y lo encuentras, pues Él siempre nos está buscando.▄

Francisco Rodríguez Barragán
Forum Libertas
10 01 2011

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Doña María Manuela Kirkpatrick, condesa de Montijo, acudía a todos los actos sociales que se celebraban con el propósito de ‘colocar’ a sus hijas Francisca y Eugenia.

Durante una recepción en el Palacio del Elíseo, en 1849, el Presidente de la República Francesa, futuro Napoleón III, fijó sus ojos en su benjamina Eugenia, y quedó prendado de ella.

En un encuentro posterior, el maduro pretendiente quiso ir más allá con la joven, a la que llevaba 18 años de diferencia, y le preguntó cómo podría llegar hasta su alcoba. Sin inmutarse, Eugenia de Montijo contestó: -Por la Iglesia.

El 30 de enero de 1853, él ya convertido en Emperador de los franceses, Napoleón III y la bella española se casaron en la catedral de Notre Dame.

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