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CAMPAÑA ABORTISTA Y RECURSO DE PROTECCION

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CAMPAÑA ABORTISTA Y RECURSO DE PROTECCION
diciembre 30

CAMPAÑA ABORTISTA Y RECURSO DE PROTECCION

abortista

Testimonio del uso por ciertos políticos, en casos de madres embarazadas porque sus hijos que están por nacer no sobrevivirán, para justificar el aborto terapéutico.

El año 2004 se hizo gran publicidad con el caso de la señora Gladys Pavéz para hacerla abortar, tratando de justificar así el “aborto terapéutico” porque su hija venía gravemente enferma, ponía en peligro a su madre y moriría al nacer.

Hoy nuevamente se pretende lo mismo con una madre que lleva en su vientre una hija de 36 semanas, más de 8 meses. Por lo tanto, a punto de poder nacer. Pero se la quiere hacer abortar porque ella tiene cáncer y su hija no sobrevivirá.

Si aborta y lo justifican como “aborto terapéutico” se causarán dos muertes: la del hijo por nacer y la madre que sufrirá en su mente y en su corazón por el resto de sus días la muerte de su hija.

Acompañemos a la madre en una situación tan delicada, pero no hagamos más grave su dolor porque una vez cometido el aborto no hay vuelta atrás. Y el señor Girardi no se hará cargo del Síndrome Post Aborto que acompañará a esta madre por toda la vida. O defiende los derechos humanos y respeta el orden constitucional vigente para todos o bien, viola, flagrantemente la constitución y el orden jurídico en un estado derecho, donde la vida es un derecho originario y anterior al estado (art 5 y art 19, nº1). De lo contrario se han violado los principios fundamentales de la ética médica, del orden jurídico y de la razón natural.

Conforme a la verdad doy testimonio de que tales hechos son casi idénticos a los de la señora Gladys y fueron manipulados por grupos abortistas pues, tal como lo declaró ella misma: “Nunca dije que quería abortar y no quiero que los políticos utilicen mi caso para promover el aborto”.

Personalmente la acompañé el día del parto y bauticé a su hija inmediatamente al nacer. Su hija nació y respiró por si misma durante al menos 8 horas. Su madre, su padre y hermanos se llenaron de alegría al tenerla junto a ellos. Al día siguiente la sepultamos. Extrañamente ya no estaban la prensa ni los políticos.

Y es una verdad irrefutable que la señora Gladys con la asistencia médica del doctor Valenzuela del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, jurídica con don Jorge Reyes, personal y espiritual con Elizabeth Bunster y en lo que yo pude ayudar, ella tuvo a su hija en sus brazos y la entregó con pena y dolor, pero en paz pues no la abortó. De lo contrario el daño para el resto de sus días habría sido irreparable.▄

Pbro. Francisco Javier Astaburuaga Ossa
Asesor de ISFEM por la Vida y Representante RedessVida de Human Life International Chile
“La Segunda”
28 12 2010

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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