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FETOS “INVIABLES” QUE HOY VIVEN

FETOS “INVIABLES” QUE HOY VIVEN

FETOS “INVIABLES”  QUE HOY VIVEN
diciembre 23

FETOS “INVIABLES” QUE HOY VIVEN

cartasNotable testimonio de Sergio Soto que destruye diagnósticos que proponen un aborto “terapéutico”. En su caso y en el de una nieta les habría costado sus vidas.

Señor Director:

En relación a la materia de la referencia, creo que la experiencia de mi familia puede ilustrar el debate.

A una hija mía dos médicos en EEUU le diagnosticaron “feto no viable” que moriría in utero o no sobreviviría al parto. Consejo: que abortara.

Regresó de inmediato a Chile, donde un obstetra y un radiólogo repitieron el diagnóstico después de varios scanners. El consejo fue distinto: el obstetra ofreció bautizarla en el instante del nacimiento, si llegaba al parto, ya que medicamente no podría vivir.

Esperanza, como fue bautizada, nació y ya cumplió un año y medio, y con su presencia nos ha traido una gran alegría y es, tal vez, la más regalona de mis veinte nietos.

Para abundar en posibles diagnósticos incumplidos, quiero hacer presente que el Dr. Gustavo Fricke, eminente pediatra cuyo nombre lleva el Hospital de Viña, diagnósticó a mi nacimiento que yo no tendría más de una hora de vida y ante la insistencia de mi padre, médico también, acepto luchar por salvarme. Hace algunos meses cumplí los setenta y siete años.

Autorizar el aborto de un feto por inviable, no importa cuántos médicos estén de acuerdo en el diagnóstico, es un crimen, y ahora varios médicos que atienden a Esperanza dicen que el hecho que esté viva es un “milagro”.

Atentamente▄

Sergio Soto M.
RUT 3.360.545-5
Raúl Labbé 12620, Depto. 21-C
Lo Barnechea

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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