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CUBA: DE VUELTA A LA PEQUEÑA EMPRESA

CUBA: DE VUELTA A LA PEQUEÑA EMPRESA

CUBA: DE VUELTA A LA PEQUEÑA EMPRESA

CUBA: DE VUELTA A LA PEQUEÑA EMPRESA

cubaEn Cuba nadie sobra”, tituló el periódico oficial cubano Granma un artículo de días pasados sobre los procesos de “idoneidad” a los que se someterán los cinco millones de personas que laboran en el abultado sector estatal. De ellas, más de 400.000 deben quedar “disponibles”, al menos en una primera etapa, a inicios de 2011.

La medida, anunciada como parte del proceso de “actualización del modelo económico cubano” (oficialmente no se emplea la palabra “reforma”), es una de las más comentadas entre la población, y despierta temores en unos y expectativas favorables en otros.

El paquete en el que se inserta el “ajuste de plantillas” es ambicioso y muy diverso. Como objetivo más inmediato, persigue sacar al país de unas circunstancias económicas particularmente dramáticas, derivadas, entre otras causas, del mayor déficit comercial por las variaciones de precios en las exportaciones y las importaciones, según explican los Lineamientos para debatir en el próximo VI Congreso del Partido Comunista, en abril de 2011.

También han influido fenómenos climatológicos intensos, como los 16 huracanes que azotaron a la Isla entre 1998 y 2008, y el efecto de sequías prolongadas.

A esto se suman factores de carácter interno, como la baja eficiencia, la descapitalización de la base productiva y la infraestructura, y el envejecimiento de la población y escasa natalidad.

El Estado suelta lastre

Cabe entender que, incluso para preservar los índices sociales que distinguen a Cuba de la media de su entorno, es necesaria una impostergable adecuación económica que vaya más allá de sortear los apuros circunstanciales. Por eso, en la proyección integral de la economía para el período 2011-2015, el gobierno adopta como principios la competitividad y el cese de los “paternalismos”.

En tal sentido, el Estado prescindirá de más un millón de puestos laborales que considera un verdadero lastre. Digo “puestos laborales” y no personas porque a una parte considerable de quienes queden cesantes en su actual empleo, se les ofrecerán nuevas ocupaciones en el sector estatal.

Además, el Estado se quitará de encima funciones que no puede abarcar, y que desde la “gran ofensiva” estatizadora de 1968 pretendió gestionar sin éxito. Hasta hoy —con un paréntesis de pequeña iniciativa privada en los años noventa, que después retrocedió—, un puesto de venta de fritas y un taller de zapatería tenían el mismo sello estatal que una fábrica de maquinaria para la cosecha cañera y una central termoeléctrica. Hubiera o no pegamento para zapatos o harina para elaborar las fritas, el país pagaba sueldos y vacaciones, suministraba alimentos subsidiados para todos los comedores obreros y enfrentaba incontrolables pérdidas de recursos.

Empleo en otras áreas

En el ajuste de nóminas que se avecina, se tendrá en cuenta no la antigüedad del trabajador en su puesto, sino la idoneidad con que desempeña su función. Según viene explicando la prensa local (el Granma publica diariamente frases de Raúl Castro sobre la pertinencia de las medidas, y artículos sobre su aplicación), los jóvenes con carreras universitarias, recién incorporados al proceso productivo (el “servicio social”, con una duración de dos a tres años), quedarán fuera del mecanismo de selección, para no afectar su primera vinculación con el mundo laboral.

En cuanto al resto, un análisis conjunto entre la administración y un “comité de expertos” decidirá sobre la permanencia del trabajador en el puesto. Cuando se decrete la cesantía, el afectado podrá elevar una reclamación. De no haber lugar a ella, y si no ha aceptado la nueva ocupación que se le ofrece (dentro o fuera de la empresa), tiene derecho al 100% del salario durante el primer mes, y al 60% hasta cinco meses, según los años trabajados.

El principio es que en cada empresa no debe haber más de un 20% de trabajadores indirectos (no vinculados a la producción de bienes y servicios). Los que queden fuera, tendrían oportunidades en áreas como la agricultura, toda vez que más de la mitad de las tierras cultivables permanecen ociosas, lo que obliga al país a importar el 80% de los alimentos que consume.

A los pequeños agricultores ya se les comienzan a priorizar insumos (herramientas, fertilizantes, equipos de riego), al tiempo que continúa la entrega en usufructo de tierras ociosas, iniciada tiempo atrás pero bombardeada por trabas burocráticas y, precisamente, por la falta de suministros.

Asimismo, en el sector constructivo se precisan hoy 30.000 obreros más, y más se demandarán con las inversiones proyectadas para el sector del turismo, como la construcción de hoteles, campos de golf, delfinarios, marinas, spas, y parques temáticos y acuáticos.

La edificación de nuevas viviendas y el mantenimiento de las existentes (el 38% de las casas en todo el país está en regular o mal estado) y la rehabilitación de las redes de saneamiento (más del 58% del agua que se bombea se pierde por roturas en las canalizaciones), también necesitan de una mano de obra que hasta hoy ha carecido de incentivos, por los bajos salarios que han estimulado la corrupción, el “resolver por la izquierda” y la percepción, nada falsa, de que “en Cuba se puede vivir sin trabajar”.

Cabe preguntarse de dónde saldrá el financiamiento para estas inversiones. La idea del gobierno es orientar los escasos recursos de que dispone el país “hacia la esfera productiva para generar ingresos en el corto plazo”. El ahorro que provenga del cierre de empresas ineficientes y del abandono de proyectos incapaces de recuperar lo invertido, se dedicará a los nuevos.

Adiós a absurdas restricciones

La otra opción para el que queda cesante es la que más expectativas despierta: la pequeña empresa, o lo que en Cuba se conoce como “trabajo por cuenta propia” o “cuentapropismo”.

Como se dijo anteriormente, en los años 90 se produjo un primer acercamiento a esa modalidad, que tan pronto se expandió como rápido se encogió. El exceso de embrollos legales para obtener una licencia, los mil malabarismos que debía hacer el “cuentapropista” para demostrar el cauce legal de su actividad a los inspectores de la Oficina Nacional Tributaria (ONAT), muy a menudo corruptible, y restricciones absurdas acababan por desestimular al pequeño empresario, a quien muchas veces se trató como un delincuente en potencia “hasta que demostrara lo contrario”.

Con las nuevas regulaciones, dadas a conocer el pasado octubre, se pretende agilizar los procesos para que los cubanos que lo deseen obtengan su licencia y empiecen a operar de inmediato como autónomos en 178 ocupaciones. Muchas son de gran utilidad social (fontanero, mecánico de equipos de refrigeración, electricista) y otras un poco extrañas (forrador de botones), pero, en fin, que descarguen al Estado de lo que objetivamente no puede ni debe gestionar, contribuyan con impuestos al desarrollo local, y satisfagan necesidades de la población.

Las licencias ya se están entregando. Hasta el 19 de noviembre se habían solicitado 80.000. Según cifras publicadas, 29.038 personas recibieron la autorización; otras 16.265 están en proceso y a las demás se les brindó “orientación”.

Algunas de las modificaciones en el trabajo por cuenta propia, y que derogan prohibiciones anteriores, son las siguientes: la posibilidad de formar cooperativas para brindar servicios en el sector urbano (ya existían en la esfera agrícola), la facultad para tener empleados sin un límite máximo (antes solo era legal contratar a familiares, por lo que los trucos estaban a la orden del día), la posibilidad de simultanear un empleo estatal con el carácter de pequeño empresario, la de vender productos o brindar servicios directamente a una empresa estatal, y la de arrendar la vivienda completa a nacionales o a extranjeros, sin tener que permanecer en ella mientras dure la estancia de los huéspedes. Se habla de aplicar “fórmulas flexibles” para la permuta y la compraventa de viviendas, pero casi todo está por concretar.

Además, para los “cuentapropistas” cuya actividad demande suministros materiales específicos (los pequeños restaurantes, por ejemplo), se irán creando redes de tiendas a precios mayoristas, con productos envasados en gran formato y a menor precio, así como con equipos eléctricos específicos. En principio, las tiendas mayoristas que proveerán a los pequeños negocios serán exclusivamente estatales. Es una red que dará sus primeros pasos en 2011.

Además, se asegura que los bancos entregarán créditos a quienes los necesiten para echar a andar su negocio. No aparece contemplada la posibilidad de créditos exteriores, al menos no de instituciones financieras, aunque es previsible que la comunidad de cubanos en EE.UU. juegue en esto un papel interesante, por medio de la transferencia monetaria a los familiares en la Isla que deseen abrir un negocio.

Por último, cada pequeño empresario contribuirá obligatoriamente a la Seguridad Social, para cubrir en el futuro su pensión por jubilación o invalidez, y el permiso de maternidad (un año desde el nacimiento del bebé), así como, en caso de muerte, una pensión para los familiares.

Entre entusiastas y escépticos

Las expectativas frente al trabajo por cuenta propia son de diferente signo. Armando Sáez, de 39 años, quien aprendió las artes de la relojería, ha debido esperar hasta este momento para poder ejercerla, pues como hacía años que no se expedían licencias, se vio precisado a trabajar mientras tanto en el sistema de regulación del agua en un hospital habanero.

“Pedí la licencia a la ONAT hace dos semanas —explica—, y ya están al entregármela. Solo tuve que presentar dos fotos y sellos de timbre. ¿El impuesto mensual? Solo 50 pesos (2 euros), y la Seguridad Social se paga trimestralmente. Al final del año entrego un impuesto por los ingresos, y ya está”.

También René Díaz, jubilado, aprecia beneficios. Desde el portal de su vivienda, en una concurrida calle del barrio obrero del Cerro, ejerce desde hace una quincena como comprador-vendedor de discos (novelas, dibujos animados, filmes, conciertos) paga un impuesto de 60 pesos mensuales y, según dice, el negocio “da ganancias: se venden de 25 a 30 discos diarios, a razón de 25 pesos los CD y los VCD, y a 50 pesos los DVD”.

Sin embargo, otros ven que los impuestos y las cotizaciones a la Seguridad Social solo les complicarían más un negocio que, hasta hoy, manejan con dificultad por debajo de la mesa. Ana, de 25 años y contadora de profesión, aprovecha su licencia de maternidad para vender postres y helados caseros, y estirar un poco más su salario de 400 pesos (16 euros).

La ayuda su suegra Andrea, dependiente de farmacia, quien no ve razón para el entusiasmo. Ambas coinciden en que, si a veces deben comerse en la cena los dulces por falta de clientes, regularizar el negocio implicaría más pérdidas, “además de los inspectores pidiéndote papeles y más papeles”. Por la cercanía al estadio de béisbol, Andrea espera alguna ganancia ahora que los fanáticos del equipo local pasan justo por frente a su casa, pero con el invierno ya encima, al menos los helados hay que dejar de hacerlos. No le ve futuro a la venta.

“No habrá soluciones espectaculares”, había anunciado ya el presidente Raúl Castro. De modo que, en el nuevo contexto, habrá experiencias de éxito, y otras quedarán por el camino. Pero Cuba se mueve, sin duda, y eso ya es, para su gente, una buena noticia.▄

Álvaro Rojas

La Habana

Aceprensa

07 12 2010

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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