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"RATZINGER: LOS SANTOS, LA CULTURA Y EL MÁS ALLÁ"

"RATZINGER: LOS SANTOS, LA CULTURA Y EL MÁS ALLÁ"

"RATZINGER: LOS SANTOS, LA CULTURA Y EL MÁS ALLÁ"
noviembre 04

“RATZINGER: LOS SANTOS, LA CULTURA Y EL MÁS ALLÁ”

ratzingerPensamiento del Papa para saber qué relación tiene la santidad de vida, la cultura humana y la creencia en la vida eterna.

La celebración de la solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los difuntos es como el gran pórtico litúrgico que nos prepara para recibir las “palabras de vida eterna” que desde Santiago de Compostela y Barcelona dirigirá Benedicto XVI los día 6 y 7 de noviembre. Esta visita a España representa el diálogo fe – cultura. Porque en estas dos ciudades se entrecruzan la esperanza que nace de la fe apostólica con la santidad de un cristiano ejemplar como es Gaudí que con sus dotes geniales de arquitecto crea arte y cultura al servicio de la gloria de Dios y gozo del hombre.

Esta es una buena ocasión para ahondar en el pensamiento del Papa Ratzinger para saber qué relación tiene la santidad de vida, la cultura humana y la creencia en la vida eterna. Así, si partimos de la noción de cultura como todo aquello que ayuda a que la persona sea más plenamente humana, la santidad cristiana hace cultura en cuanto conlleva dejarse invadir por la fuerza redentora y santificadora de la gracia que eleva al hombre a la plenitud de su ser. Los santos son aquellos hombres y mujeres que en momentos difíciles como los nuestros se tomaron en serio el mandato del Señor: “sed santos como vuestro Padre celestial es Santo” (Mt 5,48); y con la santidad de sus vidas han contribuido a introducir el Evangelio en la cultura de su tiempo. Ellos son una alternativa cultural al nihilismo descreído y desesperanzado que es el mayor y más radical desafío para la cultura general y para el cristianismo en particular. Se comprende que Benedicto XVI proponga la santidad de vida como objetivo principal de todos los tiempos y más en las actuales circunstancias por la que atraviesa la Iglesia Católica.

Sin embargo, la santificación en esta vida no es plena, lo será cuando, en la “otra patria”, poseamos de modo completo el bien perfecto que se anuncia aquí y ahora en los sacramentos y en la caridad. De ahí que, el santo es un cristiano que continuamente “mira al cielo” donde está su morada definitiva. Ello no es una huida de este mundo, sino una liberación de la esclavitud de la inmediatez. Por eso mismo, cuando hay un abandono de la esperanza en Dios, languidecen las culturas, domina la indiferencia ante lo religioso y no tiene sentido la oración de sufragio por quienes nos han precedido en el paso de este mundo a la vida eterna.

De la época de Ratzinger en Ratisbona nos queda su magnífico tratado de Escatología. Lo primero que nos encontramos es que rechaza la tendencia a identificar la esperanza cristiana con el progreso material, sociológico o tecnológico. Todas las culturas, las civilizaciones y las religiones de la historia son un velado anuncio de Jesucristo, en quién todos los logros humanos encuentran su plena realización y perfección. Él es el único amor absoluto, concreto y fiel que salva al hombre, constituyendo el núcleo de la cultura del amor que recupera a la persona como ser para el amor. Porque el hombre vive de amor, necesita sentirse amado, saber que al final de sus días se encontrará en los brazos del “Amor de los amores” (cf. Deus caritas est, 7) ¡Sólo aquellos que han sido tocados por el amor recuerdan y oran por sus difuntos!

Por ello dirá más tarde: “No es la ciencia la que redime al hombre. El hombre es redimido por el amor…La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando “hasta el extremo”, “hasta el total cumplimiento” (Spe Salvi, 26). Este es el amor que vence a la muerte, que traspasa el espacio y el tiempo. Es a través de la caridad, de la plegaria y sobre todo por la Eucaristía, donde la fuerza del Resucitado nos congrega a vivos y muertos, donde se junta el cielo y la tierra para adorar al Dios de la Vida y del Amor. La Fe en “la Resurrección de los muertos y la Vida Eterna” nos aleja de la cultura dominante del vacío, ahuyenta los miedos sobre nuestro propio final y crea la cultura del amor y de la gozosa esperanza que humaniza la vida presente. ¡Esta es la victoria de los santos que vence al mundo!■■■■■

Agencia Sic
04 11 2010

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