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SUCEDÁNEOS DE FAMILIA PARA ECHAR UNAS RISAS

SUCEDÁNEOS DE FAMILIA PARA ECHAR UNAS RISAS

SUCEDÁNEOS DE FAMILIA PARA ECHAR UNAS RISAS
octubre 28

SUCEDÁNEOS DE FAMILIA PARA ECHAR UNAS RISAS

FAMILIAAl final todos los modelos alternativos de familia aspiran a disfrutar del producto de mejor calidad: el original.

Cuando uno se enfrenta a productos televisivos como Modern Family debe estar preparado para divertirse, aunque sea a su pesar. La serie revelación de la pasada temporada en la TV norteamericana propone una nueva mirada satírica a la familia. La trama sigue las vicisitudes de las parejas que conforman el nuevo modelo de “gran familia (heterosexual, gay, multicultural, tradicional) feliz”, como dice su eslogan.

El argumento de base es simple: Claire debe esforzarse para sacar adelante a su familia, aunque sea conformándose con unos mínimos realmente bajos, luchando con hijos adolescentes y con el disfuncional postadolescente de su marido. Mitchel, su hermano gay, tiene una relación estable con otro hombre; ya son mayores, pero no maduros, y acaban de adoptar a una niña. Jay, el padre de ambos, se ha casado con una joven madre colombiana a quien conoció en la fiesta que organizó cuando su mujer le dejó.

Para personas que viven y comprenden los valores que encierra la familia, Modern Family puede resultar entretenida, porque su sátira feroz nunca llega a presentar esos personajes como modelos: no engaña a nadie, es ficción, una comedia sin excesivas pretensiones sociales.

Para quienes se han (de)formado (vi)viendo sin comprender los contenidos de la pantalla, esta serie será la confirmación de que la familia tradicional ya debería compartir espacio con modelos alternativos. En cualquier caso, ficción o realidad, Modern Family ayuda a considerar algunas cuestiones sobre la familia actual.

Desde un punto de vista técnico —la producción, la interpretación y la historia han sido premiadas o nominadas en abundancia—, quizá merece la pena destacar la habilidad con que los realizadores han sabido superponer, al estilo narrativo habitual de una sitcom, un recurso adaptado de otros formatos: los protagonistas se dirigen de vez en cuando directamente a cámara —al espectador— para explicar el sentido de sus reacciones, sus verdaderas emociones, aunque las escenas mantengan un tono disparatado de comedia; un estilo de reflexión que pretende dar más calado a los personajes y al que nos han acostumbrado documentales ficcionados (16 and pregnant) o realities adocenados (tipo Gran Hermano o Survivors). La verdad es que, a pesar de la buena intención y por graciosos que resulten, siguen en el ámbito del estereotipo.

Estereotipos disfrazados

Pretenden la transgresión, pero siguen mostrando la vida de tres parejas con sus retoños… Tres parejas no convencionales en su composición, pero absolutamente tradicionales en su relación, incluida la estabilidad. Puestos a retratar nuevos modelos, ¿dónde quedó la familia monoparental, por desgracia tan corriente? ¿O dónde está ese hacer y deshacer relaciones al que, también por desgracia, nos tenían ya acostumbrados en la ficción televisiva?

En el retrato de la figura del padre, seguimos con el esquema de siempre: una colección de inmaduros, ya se trate del padre de familia que pretende ser más adolescente que sus hijos (con resultados a la vez cómicos y patéticos) o del padre ya mayor, divorciado y casado con una joven que podría ser su hija y conviviendo e intentando educar a su inteligente hijo, con edad para ser su nieto.

El material promocional de la serie advierte que “la familia tradicional ya no es el único modelo a seguir”. Pero el visionado de unos pocos episodios basta para desmentir esa afirmación. Al final de la primera temporada, resulta evidente que la familia sigue dependiendo de la figura de la madre (con todas sus limitaciones y paranoias) para subsistir. Se promueve una vez más, aunque con toque de comedia, el prototipo de Madre Coraje, una imagen que sale reforzada por contraste con la actuación de unos maridos desorientados pero a los que quieren de verdad.

Modelo de pareja gay

Sin embargo, el modelo de pareja gay sí aporta una innovación a las tramas televisivas. Desde las primeras salidas del armario hasta su establecimiento cotidiano en la pantalla, los personajes gays han sufrido simplificaciones que en ocasiones parecen debidas más a agendas sociales que a criterios narrativos. Primero fue el personaje gay que aparecía como el mejor amigo, un personaje comprensivo y sensible. Después, los guionistas nos ofrecieron la sublimación de un estilo de vida en el que la promiscuidad y el ambiente más descarado fueron los protagonistas. En Modern Family, por el contrario, se ofrece un modelo estable de pareja gay: monógama, hogareña y paternal, con todos los hábitos de normalidad que se adquieren con años de convivencia.

Precisamente esa “normalidad”, que sorprende por la ausencia de demostraciones sensibles de afecto de la pareja en pantalla, ha cosechado una de las críticas más frecuentes a la serie: en este caso, el recurso habitual a la tensión sexual no resuelta se ha convertido en una absoluta falta de tensión, para algunos poco realista. Los productores han avisado que en la segunda temporada pondrán remedio o darán explicaciones.

¿Echar unas risas o echarse a llorar?

Como en la mayoría producciones televisivas, el retrato de la familia que presenta Modern Family es fragmentario y, en algunos aspectos, contradictorio. Estas uniones afectivas que algunos pretender asimilar a la familia no suelen crear los vínculos que se establecen en una verdadera familia. No es de extrañar, pues, que las familias representadas en Modern Family aspiren a crear, recrear o mantener los vínculos que conforman una familia de verdad. El estilo de vida y la composición que se propone en esas familias puede apartarse del tradicional, pero al final todos ellos aspiran a disfrutar del producto de mejor calidad: el original. Sólo nos conformamos con el sucedáneo o la imitación cuando no queda otro remedio.

El problema de esta serie no es que se atragante por lo escabroso, pues suele cuidar las formas, sino el regusto que deja al acabar. Cuando ha pasado el efecto curativo de la risa, apenas se requiere un momento de mínima reflexión sobre sus contenidos para que se nos amargue la vida por lo mal que parece andar la modern family.■■■■■

Mario López de Astea

07 10 2010

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