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LA ESTUPIDEZ DE LOS INTELIGENTES.

LA ESTUPIDEZ DE LOS INTELIGENTES.

LA  ESTUPIDEZ  DE  LOS  INTELIGENTES.

LA ESTUPIDEZ DE LOS INTELIGENTES.

FERNANDEZCUERVOEscribe Luis Fernández Cuervo: “Lo malo es que ahora también los inteligentes dicen tonterías. Uno de los ejemplos más recientes lo tenemos en el físico Stephen Hawking.”

Cualquiera que siga tomándole el pulso al mundo actual sabe que cada día el número de los tontos aumenta en el mundo. Los tontos piensan, dicen y hacen tonterías. Eso es lógico ¡qué remedio! No hay caso.

La televisión, la navegación a la deriva por Internet, la frivolidad o ideologización de muchos Medios, presuntamente informativos, y una serie creciente de nuevos instrumentos audio-visuales con sus entretenimientos que sólo exigen manipular, pero no discurrir en el sentido mas propiamente humano: reflexionar, filosofar, todos ellos se encargan en ir transformando los seres humanos en antropoides más o menos cerebrizados.

Lo malo es que ahora también los inteligentes dicen tonterías. Uno de los ejemplos más recientes lo tenemos en el físico Stephen Hawking. Ha dicho sin pestañear: “La Física moderna excluye la posibilidad de que Dios crease el Universo”. Soltar esta frase rotunda a los Medios es algo muy inteligente para ampliar las ventas del libro donde lo ha escrito: “The Grand Design”, recién editado, pero desde el punto de vista científico es una solemne tontería, como lo prueba el desdén con que la han comentado muchos científicos ilustres.

No están de acuerdo con esa sentencia de Hawking, por ejemplo, más de treinta científicos entrevistados en la reciente serie de documentales titulada  “El Origen del Hombre”. Entre ellos, figuran los premios Nobel Christian De Duve y Werner Arber. Contra la aparición del universo por azar están los matemáticos Michael Starbird y Antony Flew, que fue ateo, pero que ya en 2004 concluyó en su libro There Is a God que “los resultados obtenidos mediante los complejos análisis de probabilidades en proyecciones informáticas hechas con ayuda de computadoras permiten deducir con evidencia que si no hay una inteligencia divina que pone en marcha, o crea, las partes y el todo del Universo, queda absolutamente inexplicada la existencia misma del hombre.”

Mas interesante es lo que afirma Leon Lederman, premio Nobel en Física, en 1988, en su libro “La partícula divina”, cuando casi al principio de ese libro afirma: “Nada sabemos del Universo antes de que llegase la edad madura de una millonésima de una billonésima de segundo, es decir, nada hasta que hubo pasado cierto cortísimo tiempo tras la creación en el big bang. Si leéis o escucháis algo sobre el nacimiento del Universo es que alguien se lo ha inventado. Estamos en el reino de la filosofía. Solo Dios sabe lo que pasó en el principio mismo.”
Tampoco, Francisco José Gil, autor de “Lo divino y lo humano en el universo de Stephen Hawking”, profesor de Filosofía en la Universidad de Bremen (Alemania), está de acuerdo con cualquiera que pretenda negar a Dios como autor del universo. Y eso porque la cosmología de Hawking, como la de Carl Sagan, es perfectamente compatible con la Teología Natural, que explica el origen del cosmos por creación divina. El profesor Gil señala muy bien lo que otros muchos científicos honestos perciben: las conclusiones filosóficas que Hawking, Sagan y otros pretenden derivar de sus cosmologías, “no se siguen de ella, sino que son un añadido ideológico, motivado por el pensamiento materialista de estos autores”.

Bien. Si acudo al testimonio de esos científicos —hay muchísimos más— es sólo porque el común de la gente tiene una credulidad, casi adoración, por cualquier cosa que digan los científicos sin darse cuenta de algo que ya señaló el filósofo español José Ortega y Gasset: que los especialistas, porque saben muchísimo de un campo muy limitado del saber, se creen con derecho a pontificar sobre otras cosas que están fuera de su especialidad. Y esto es lo que le pasa a Hawking: padece de reduccionismo mental, fuera de la física nada tiene valor, nada existe.

Hawking sabe muchísimo de física pero es un ignorante tremendo en filosofía y, especialmente, en filosofía metafísica. Dudo que distinga entre el vacío y la Nada. De la Nada, nada puede surgir porque la Nada, no existe. El vacío es espacio y existe en el tiempo: tiene Ser. Pero la Nada no es. Propiamente no se puede pensar en ella nada más que como contraposición al Ser.

Además hay dos razones más sencillas para ver la falsedad de Hawking. La primera es que la física trata de la materia, por lo tanto Dios, que no es materia, cae fuera de su campo. Nada puede decir la física de Dios.

La segunda es que todos, Hawking incluido, cuando vemos una obra inteligente sabemos que su autor —su causa eficiente— tiene que ser inteligente. El universo es algo muy real, verdadero, bueno, bello e inteligente y por lo tanto su Causa Eficiente también tiene que tener esas cualidades y en mayor medida, porque toda Causa siempre es superior a su Efecto. Sobre Dios, muchas viejas campesinas piadosas, saben mucho más que la soberbia de algunos científicos. ■■■■■

Luis Fernández Cuervo
El Salvador
luchofcuervo@gmail.com

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Hacia 1770, la moda de las pelucas empolvadas de la aristocracia francesa e inglesa habían alcanzado tal magnitud, que las pelucas podían alcanzar 1,2 metros de alto, y se decoraban hasta con pájaros embalsamados, réplicas de jardines, platos de fruta o barcos a escala.

La falta de higiene (no se las quitaban por semanas o meses) y el volumen de estas pelucas ocasionaba que no sólo piojos y pulgas las infestaran, sino que hasta pequeños ratones hicieran de ellas su hogar.

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Cuando los conquistadores ingleses llegaron a Australia se asombraron al ver unos extraños animales que daban saltos increíbles.

Inmediatamente llamaron a uno nativos e intentaron preguntarles mediante señas qué era eso.

Al notar que siempre decían “Kan Ghu Ru” adoptaron el vocablo inglés “kangaroo” (canguro). Los lingüistas determinaron tiempo después que los indígenas querían decir “No le entiendo”.

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