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CÓMO PARAR A LOS MATONES DE LA CLASE

CÓMO PARAR A LOS MATONES DE LA CLASE

CÓMO PARAR A LOS MATONES DE LA CLASE
octubre 21

CÓMO PARAR A LOS MATONES DE LA CLASE

matonesEl acoso escolar no es un fenómeno inevitable. El problema es que a veces se lanzan mensajes equivocados. La estadounidense Patricia Kelley Criswell, experta en trabajo social con adolescentes, cuestiona algunos consejos anti-bullying. Por su parte, un equipo de investigadores holandeses propone centrar la actuación en el conjunto de la clase y no tanto en los acosadores.

En lo que va de año, cinco adolescentes se han quitado la vida en Estados Unidos como consecuencia del acoso escolar que sufrían. Esto ha dado lugar a una política de “tolerancia cero” con los acosadores, impulsada por el mismo Secretario de Educación, Arne Duncan.

De manera que el curso escolar en Estados Unidos ha comenzado con numerosas sesiones dirigidas a sensibilizar a los alumnos sobre el problema del bullying. Patricia Kelley Criswell, profesora en el Western Michigan University’s School of Social Work, celebra esta iniciativa . Pero advierte en The Christian Science Monitor (12-10-2010) que algunos consejos son contraproducentes.

Mensajes desafortunados

“Empecemos por el consejo que dice: ‘No les hagas caso’. En efecto, a veces lo mejor es quitarse de en medio si, por ejemplo, el acosador es mayor que tú o si uno se encuentra en una zona sin vigilancia. Pero hacerse el sueco ante los acosadores habituales es una mala estrategia. El acoso tiene que ver con el poder; sobre todo, con el desequilibrio de poder. Si alguien logra silenciarte, entonces adquiere todavía más poder sobre ti”.

Otro mensaje desatinado que envían los padres proteccionistas a sus hijos que son testigos de acoso a otros niños es: “Tú, no te metas”. Este consejo, dice Criswell, refuerza el bullying. Da por supuesto que el acosador tiene tanto poder que no sirve de nada intervenir. Pero la realidad es muy distinta”.

Según una encuesta realizada en 2000 por LaMarsh Centre for Research on Violence and Conflict Resolution de Toronto (Canadá), entre el 80 y el 90% de los niños encuestados declaran que les desagrada ver un acto de acoso. Sin embargo, sólo el 11% de ellos se atreve a intervenir.

La experiencia de Criswell en su trabajo con adolescentes es que “a medida que crece el número de ‘mirones’ que deciden parar los pies a los acosadores, el bullying disminuye”.

Otro mensaje perjudicial es el famoso “No seas soplón”. Para Criswell, es preciso que los alumnos aprendan a distinguir entre soplonar y denunciar algo injusto. “Chivarse es querer dejar mal a alguien por algo sin importancia. En cambio, informar a los profesores sobre el bullying es prestar un servicio a los demás. Es algo heroico porque supone dar la cara por alguien que está siendo maltratado”.

Tampoco sirve el consejo que algunos padres dan a sus hijos: “Esfuérzate por ser amable”. “Claro que ser agradable es importante, pero hay que establecer unos límites. Si te comportas como si no tuvieras carácter, acabarás convirtiéndote en un títere de los acosadores”.

Tan importante como fijar unos límites es favorecer la autoestima y el compañerismo. “Si enseñamos a nuestros hijos —y a sus amigos— a adoptar una postura firme, serán menos vulnerables a los acosadores y más capaces de mantener una posición equilibrada de poder. Así, crecerá su confianza en ellos mismos”.

En qué piensan los matones

Conocer la forma de pensar de los acosadores es una buena estrategia para afrontar el problema del bullying. Esto es lo que se propuso analizar hace unos años el sociólogo René Veenstra y su equipo de investigadores de la Universidad de Groningen (Holanda). Ya han publicado numerosos estudios sobre el tema.

Una de las conclusiones más interesantes es que los acosadores, a la hora de elegir a sus víctimas, calculan perfectamente los efectos que producirán en el conjunto de la clase. De ahí que suelan escoger a compañeros menos populares. Porque si algo preocupa a los matones es perder la aprobación del resto de la clase.

En la mente de muchos acosadores siempre hay un equilibrio entre la búsqueda de estatus y de afecto; eso es lo que les hace calibrar sus acciones de acoso: su objetivo es ganar una cosa sin perder la otra (1).

Otro dato significativo es la diferencia por sexos. En general, los chicos que maltratan a otros chicos suelen caer mal a los de su propio sexo (pues éstos les ven como amenazas potenciales), pero no a las chicas. En cambio, las chicas acosadoras desagradan tanto a los chicos como a las chicas; sobre todo, si la víctima es un chico.

La edad es otro factor importante. Mientras que el rechazo a las chicas que maltratan a sus compañeros crece todavía más con la edad, la admiración inicial que las chicas sienten por los chicos acosadores se va perdiendo con los años.

El ambiente del grupo es clave

En otro estudio reciente (2), el equipo holandés muestra que buena parte de los efectos del bullying en la víctima dependen de la actitud (de rechazo o aprobación) que mantiene el resto de sus compañeros hacia los acosadores.

Si las víctimas perciben que el conjunto de la clase rechaza a los matones, crecerá su autoestima; pues entonces achacarán el bullying a la brutalidad de sus acosadores. En cambio, si las víctimas ven que el resto de sus compañeros siguen la corriente a los matones, el riesgo de depresión aumenta al considerarse unos “inadaptados sociales”.

A la vista de estas conclusiones, Veenstra y su equipo sostienen que los programas anti-bullying deberían hacer más hincapié en los alumnos que no son acosadores ni víctimas. Se trata de crear un clima generalizado de rechazo al acoso. En la creación de ese clima, tienen un papel destacado los defensores de las víctimas que son los que en general gozan de más prestigio entre sus compañeros (3). ■■■■■

Juan Meseguer

Aceprensa

19 10 2010

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NOTAS

(1) René Veenstra, Siegwart Lindenberg, Anke Munniksma y Jan Kornelis Dijkstra, “The complex relation between bullying, victimization, acceptance, and rejection: Giving special attention to status, affection, and sex differences”, en Child Development, vol. 81, núm. 2, págs. 480-486, marzo/abril de 2010.

(2) Gijs Huitsing, René Veenstra, Miia Sainio y Christina Salmivalli, “’It must be me’ or ‘It could be them?’: The impact of the social network position of bullies and victims on victims’adjustment”, en Social Networks, 2010.

(3) Miia Sainio, René Veenstra, Gijs Huitsing y Christina Salmivalli, “Victims and their defenders: A dyadic approach”, en International Journal of Behavioral Development, 15 octubre 2010.

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Humor

Se cuenta que durante una cacería, el rey Alfonso XIII decidió permanecer un rato sentado a la sombra de un árbol para así poder descansar un poco, mientras sus compañeros de la partida de caza continuaron con la actividad.

Poco después se paró frente a él un campesino que estaba de paso, quien le preguntó al monarca si era verdad que por allí andaba el rey y de ser afirmativo le podía indicar quién era, pues le gustaría conocerlo personalmente.

Alfonso XIII se incorporó y pidió a aquel hombre que lo acompañara hasta donde se encontraba el resto de cazadores de la montería y podría averiguar quién era el rey porque todos los presentes estarían con sus cabezas descubiertas menos él.

Al alcanzar al resto de la partida, todos se descubrieron ante el rey a excepción del campesino.

-«Ahora ya sabe usted quién es el rey» comentó Alfonso XIII

A lo que el hombre contestó:

-«Una de dos. O es usted o soy yo, porque somos los únicos que seguimos con el sombrero puesto»

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El 8 de octubre de 1881, durante la inauguración de la línea férrea que unía las capitales de Madrid y Lisboa, con paso por Cáceres, el rey Alfonso XII tuvo un despiste a la hora de pronunciar unas palabras, en las que vitoreó a la ciudad de Cáceres.

Rápidamente fue advertido de su error, ya que no era ciudad sino villa, a lo que el monarca muy digno contestó:

«Pues desde hoy es ciudad»

Y así fue, ya que pocos meses después, el 9 de febrero de 1882, Alfonso XII ratifico sus palabras y nombró oficialmente ciudad a la hasta entonces villa de Cáceres.

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