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DÉJÀ VU

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fotoEscribe Lillian Calm: A Fidel “los miembros de la Asamblea del Poder Popular lo aplaudieron cuatro años después, con el mismo ritmo cadencioso de hace cuatro años, y como hace cuatro años él volvió a discursear sobre Estados Unidos, amenaza nuclear y otras monsergas que en su arenga de siglo pasado terminan siendo una verdadera lata”.

Este término “déjà vu”, ya adoptado en muchos idiomas, es el que utilizan los franceses para señalar no sólo lo “ya visto”, que sería su traducción literal. Viene a ser un “más de lo mismo”, una aburrida reminiscencia de haber vivido antes esa situación. Y es lo que me pasó a mí al ver reaparecer a Fidel Castro (sí, el mismo Fidel de hace más de medio siglo) cuando se presentó en el Parlamento —tiene el nombre de fantasía de Asamblea del Poder Popular de Cuba— con su uniforme verde olivo.

Si Marx, Lenin, Stalin, Mao o hasta Nikita reaparecieran, sería también “déjà vu”. Aunque, sin duda, ellos encontrarían su entorno muy cambiado. Nada de eso le sucedió a Fidel, pues se preocupó de enfermarse y convalecer dejando a su hermanísimo Raúl bien apernado en el gobierno de la isla, y por mucho que los cientistas políticos perdieran horas y horas analizando el aggiornamento del régimen, ahora Fidel se reencuentra con una Asamblea y un país tal cual los dejó… salvo, quizás, un Max Marambio caído en desgracia y un Elián González, alias el Balserito, ya de niño convertido en muchachón.

Los miembros de la Asamblea del Poder Popular lo aplaudieron cuatro años después, con el mismo ritmo cadencioso de hace cuatro años, y como hace cuatro años él volvió a discursear sobre Estados Unidos (aunque se le cambió el Presidente y hoy hasta se hable de “apertura”), amenaza nuclear y otras monsergas que en su arenga de siglo pasado terminan siendo una verdadera lata.

¿Qué de nuevo aporta Fidel? A mí, al menos, no me hace ilusión alguna, como a otros que hasta han viajado a la isla a probar suerte y ver si los recibe (!), pero debe ser quizás porque cuando vino a Chile durante la Unidad Popular y yo me iniciaba en el periodismo, me pidieron que lo siguiera. Pensaba que la misión duraría unos pocos días, pero se quedó y se quedó y se quedó. Fui a recibirlo con otros reporteros al aeropuerto y también a dejarlo cuando se fue, y me pareció que en el intertanto yo había envejecido.

En esta oportunidad, desde que enfermó, los distintos medios periodísticos, siguiendo una antigua usanza ya hecha práctica en la profesión, estaban preparados para un desenlace fatal del enfermo Fidel que podía sorprenderlos en cualquier momento. Y precisamente para evitar que los sorprendiera, en prensa, radio y televisión se prepararon extensos reportajes sobre su vida, para que en un caso extremo sólo bastara imprimirlos o sacarlos al aire. Afortunadamente no hubo necesidad de recurrir a esa solución límite, porque a nadie le deseo la muerte, pero no puede dejar de venírseme a la mente que fue Cristián Zegers, hoy director de “El Mercurio”, quien me enseñó esa treta.

Yo trabajaba con él en la oficina que el diario “El Sur” de Concepción tenía en Santiago y que él dirigía. Desde que había comenzado a hacer mi práctica periodística, me enseñaba los gajes del oficio. Un día el ex Presidente de Estados Unidos, Dwight Eisenhower, cayó enfermo y Cristián me pidió que escribiera un artículo en pretérito, como si ya hubiera muerto, lo que a mí, reconozco, me pareció un despropósito. Pero lo hice. Le entregué unas cuatro páginas y él las guardó en el primer cajón de su escritorio. Lo estoy viendo. Sólo me comentó: “Cuando muera, abrimos el cajón, lo sacamos y lo publicamos”. Ese artículo jamás se publicó. Murió Eisenhower y “El Sur”… estaba en huelga. Pero reconozco que es la única lección de Cristián Zegers que no me sirvió. Todas las otras fueron proféticas.

Ahora ya no hay necesidad de guardar los artículos en los cajones, pero en los archivos computacionales de los más distintos medios periodísticos permanecen cúmulos de necrologías sobre la muerte de Fidel. Dadas las circunstancias, pienso que lo más probable es que mueran sus autores antes que el personaje.

Sin embargo lo que más me llama la atención es que quien se supone ha estado enfermo y convaleciente durante cuatro largos años, no haya evolucionado ni una pizca en su pensamiento. Ni para bien ni para mal. Sus fantasmas son los de siempre. Sus recursos los mismos. Su marxismo, inmutable. Eso sí, su verborrea parece ser un poco más breve y cascada. Es que se supone que también para Fidel, incomprensiblemente, los años pasan.■■■■■

Lillian Calm

Temas.cl

11 08 2010

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