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CHILE Y EL ESTANCAMIENTO POBLACIONAL

CHILE Y EL ESTANCAMIENTO POBLACIONAL

CHILE Y EL ESTANCAMIENTO POBLACIONAL

CHILE Y EL ESTANCAMIENTO POBLACIONAL

jjjjUn análisis desde la perspectiva de la política exterior. “nuestro país aparece entre los que menos crecen en la región, acusando una tendencia de descenso de la natalidad y estancamiento demográfico con efectos de envejecimiento de su población”, efectos de este proceso. Escribe el investigador asociado del Instituto Democracia y Mercado, Roberto Ruiz P.1

Los datos conocidos sobre crecimiento poblacional de Chile no son alentadores. Desde mediados de la década pasada y con un incremento de su población cercano a 1,8 niños nacidos por mujer, éste no cubre la tasa de reemplazo necesaria para alcanzar una estabilización demográfica. Al contrario, con apenas un aumento de 2 millones de habitantes en diez años, nuestro país aparece entre los que menos crecen en la región, acusando una tendencia de descenso de la natalidad y estancamiento demográfico con efectos de envejecimiento de su población.

Encaminado en la dirección de países desarrollados, el modelo de involución demográfica de Chile abre interrogantes no menores y en diversos ámbitos, partiendo por el retraso que anotan las políticas públicas para contrarrestarlo. Las medidas implementadas han privilegiado “impulsos secundarios” similares a los de países europeos, como el fortalecimiento de las políticas de salud, de género o incremento de salas cunas. Se trata de un puñado de medidas orientadas en la senda correcta, pero insatisfactorias y sin resultados efectivos en términos demográficos, ya que marginan una serie de instrumentos a los que debiera dársele espacio. Uno de ellos, sino el más importante, es la promoción primaria de incentivos hacia y dentro del núcleo familiar como el espacio vital y natural, aunque no único, del desarrollo de políticas de revitalización demográficas, que apunten a maximizar la calidad y la eficiencia económica de las políticas mencionadas (impulsos primarios).

En líneas gruesas, las medidas implementadas por el Estado se encauzan en la misma dirección adoptada por naciones desarrolladas (estímulos económicos), pero ante los magros resultados de éstos, lejos están aún de legitimarse como las correctas. Las tasas de natalidad en dichos países muestran resultados insatisfactorios, generando dudas de fondo sobre la viabilidad a los planes en ejecución.

Los efectos del decrecimiento poblacional en Chile serán transversales y comprometerán una serie de variables internas, pero también algunos de los énfasis de nuestra futura política exterior en el mediano y largo plazo, ya que a diferencia de Europa, nuestro proceso ocurre en un contexto regional con países que muestran un diferente desempeño demográfico. A ello hay que agregar la especificidad del caso chileno, marcado por una agudización de las diferencias poblacionales con sus vecinos, mala distribución poblacional interna, vulnerabilidad de regiones extremas, latencia de tensiones e históricas dificultades para articular una verdadera integración regional.

No debe olvidarse el escenario internacional en el cual ocurre este fenómeno. Al ser Chile un mercado pequeño, alejado de los grandes centros de poder, con un PIB regional menor al 10%, una población más estancada que la de la mayoría de sus vecinos y con una serie de características geográficas e históricas que le convierten en una isla, el efecto podría terminar alterando algunas de sus posiciones en la relación con otros países.

No es un misterio que Chile ha tendido a mantener históricamente un perfil “único” dentro de la región, esforzándose por relacionarse en un esquema de igualdad con países mayores que él. Ha llegado, incluso, a sostener posturas retadoras con las potencias, sus alianzas han sido más bien implícitas y sus relaciones internacionales se han basado en la creencia de la “especificidad” o el “liderazgo de concepto” de su modelo.

Aún así y a pesar de la cierta lejanía e independencia que demuestra respecto de las corrientes imperantes en ella, el modelo chileno, sin embargo, ha sido presa de una serie de pensamiento, modas y estilos de los países desarrollados. Fundamentalmente de Europa y, en las últimas décadas, de EE.UU. Las políticas demográficas son un claro ejemplo de lo anterior.

Es en este marco histórico y de percepciones de política exterior que el desenvolvimiento poblacional desempeña un factor para los análisis de política exterior. Las interrogantes son diversas, aunque todas apuntan a resolver una pregunta de fondo: ¿Cuál y como será la viabilidad externa de Chile en 30 años? En otras palabras, ¿Será más seguro que hoy? ¿Estará mejor preparado para los desafíos económicos del futuro? ¿Tendrá más influencia política? ¿Qué efectos tendrá el debilitamiento poblacional en materias de seguridad externa? ¿Habrá espacio para que este fenómeno sea atendido globalmente o, en el mejor de los casos, debemos priorizar acciones regionales?

I.- Cambios demográficos mundiales

El incremento poblacional mundial persistirá en los próximos decenios. Para el año 2025 ascenderá a 7.300 millones, y al 2050 a 9.400 millones. Gran parte de este crecimiento estará concentrado en países en desarrollo, en un proceso determinado por dos factores: un cambio de moda en la fertilidad y un proceso de urbanización global.

Respecto de ellos, dos son los comportamientos destacables: países con altas tasas de natalidad, como Nigeria con 6,5 nacimientos por mujer o la República Democrática del Congo con 6,6, continuarán incrementando su población al menos durante dos generaciones más. Un segundo grupo está formado por naciones como Brasil (2,5 % tasa de natalidad), Egipto (3,6%), China (1,8%), India (3,4%) e Indonesia (2,7%), que acusan una reducción de su tasa de natalidad, pero seguirán creciendo en términos absolutos durante una generación más.

Países desarrollados en cambio tienden a bajas tasas de natalidad, envejecimiento y decrecimiento poblacional. La mayoría de los Estados pertenecientes a la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) acusan una tasa de natalidad negativa, siendo Italia y España (1,2%) los más deprimidos. Alemania disminuye cada año en 0,1% su población, mientras que Gran Bretaña y Francia anotan una tasa de natalidad que con gran esfuerzo fiscal apenas alcanzan el umbral de la tasa de reemplazo. Rusia se apresta a entrar a una época de decrecimiento poblacional y en Asia, países como Japón y Singapur se encaminan hacia la misma dirección. En Estados Unidos la población muestra apenas un crecimiento leve, siempre debido a una corriente inmigratoria que no ha cesado y a un ligero crecimiento de su tasa de natalidad.

II.- Datos en la región

En el caso de América Latina, se advierte una propensión general de caída en la tasa de crecimiento demográfico, aunque sin un carácter homogéneo. Perú, Bolivia, Colombia y Brasil continuarán en las próximas décadas con tasas de crecimiento poblacional notoriamente superiores a la de Chile. Con un incremento absoluto de apenas cinco millones de habitantes al año 2045, nuestro país no logrará superar los 22 millones de habitantes a esa fecha, un fenómeno que contrasta lo que ocurre a su alrededor.

Población total de América Latina y por países seleccionados (en miles)2

Países

1995

2005

2015

2025

2035

2045

Total América Latina

472.906

546.657

616.525

685.579

741.129

784.510

ARGENTINA

34.779

38.592

43.498

45.732

48.177

49.972

BOLIVIA

7.482

9.427

75

11.411

13.268

14.891

16.204

BRASIL

162.019

187.601

211.284

230.516

244.671

253.549

CHILE

14.395

16.267

17.865

19.129

19.914

20.195

COLOMBIA

38.259

44.907

50.666

55.696

59.481

61.790

PERU

23.857

27.254

30.526

33.765

36.463

38.374

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Proyección de la población de Chile y sus países vecinos3

1995 2005

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2015 2025

jjjjjjjj

2035 2045

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En efecto, este escenario queda aún mejor definido al comparar las cifras de Chile con sus tres países vecinos, lo cual permite una radiografía más clara sobre el dispar rendimiento demográfico en esta esquina del continente. Si en 1995 la población chilena equivalía a un 17,88% de la población total de los cuatro países (Chile, Argentina, Bolivia y Perú), en el año 2045 ella disminuirá a un 16,19%, es decir, casi dos puntos porcentuales menos.

III.-    Importancia de la Demografía en la Política Exterior: ¿Es un factor?

Quien quiera explorar tendencias internacionales en política exterior, hace bien en acudir a la herramienta demográfica. Sus pronósticos forman parte de las pocas suposiciones seguras de análisis en este ámbito, ya que quienes en 20 ó 25 años podrían llegar a ser padres, ya tienen que haber nacido hoy. Las expectativas de vida cambian muy lentamente y en ese marco asistimos a una variable futura de proyecciones medianamente seguras.

Por lo mismo, los análisis en ese campo permiten diagnosticar escenarios futuros y dan tiempo para evaluar y concretar políticas públicas preventivas, un asunto importante en el ámbito de la política de seguridad.

Es por ello que la demografía ha dejado de ser un tabú como instrumento de análisis de política exterior, lo fue durante largas décadas en la Europa de posguerra, bajo la sombra de su manipulación por parte del nacionalsocialismo  como factor de poder, proyección, dominación e influencia. Con el derrumbe del Muro de Berlín, las percepciones cambiaron y los análisis demográficos en Europa, desde luego también en EE.UU., comenzaron a ocupar un papel cada vez más preponderante como tema de estudio de política exterior. Confirmado el pronunciado descenso poblacional en el viejo continente, el tema apoderó la atención pública y de estar recluido a discusiones y foros académicos,  pasó a formar parte de la agenda política contingente.

Al comienzo, el enfoque fue analizar el problema como un asunto de política interior. Temas de previsión social (contrato generacional), de los sistemas de salud y de las políticas del mercado laboral, acapararon y siguen despertando el mayor interés en el área. Fue no obstante la creciente inmigración de origen musulmán y africano y las desiguales tasas de natalidad entre Europa y aquellos mundos lo que impulsó un renovado interés por establecer una relación entre los aspectos demográficos, de política exterior y de seguridad.

1.- Como factor militar

Con todo, es necesario formular una prevención con el fin de situar la variable demográfica en su justo peso. Como factor de estudio, los análisis demográficos han disminuido su influencia en los debates actuales sobre poder militar de los Estados. Los cambios de una población, su estancamiento o envejecimiento, por enumerar tendencias, ya no tienen un efecto directo e inmediato en los juegos de relaciones de poder militar entre Estados. La cantidad de habitantes de una nación no constituye en la actualidad un factor de poder que emule al que ella tuvo desde los tiempos de las guerras napoleónicas hasta 1945. En aquellas épocas el “recurso humano” desempeñaba un rol gravitante en los análisis militares. Grandes poblaciones equivalían en la antigüedad a “reservas inagotables” de poder militar y económico, el incremento poblacional estuvo durante siglos indexado a una idea de poder del Estado “bélico”. Una población grande y creciente era visto casi como una condición sine qua non

del poder militar y económico.

Los procesos de producción y las formas de conflictos modernos dejaron atrás la era de los Ejércitos de masa y las multitudes en campos de batalla. Nuevas capacidades operacionales tales como la ofensiva, movilidad y velocidad, sistemas de mando y control, doctrina operacional y unido a ello, supremacía tecnológica, fueron adquiriendo cada vez más relevancia como factores de predominio  militar de un Estado por sobre otro.

La variable demográfica en consecuencia ha dejado de ser considerado un factor de orden militar como lo pudo haber sido en el siglo XIX y principios del siglo XX, para ser considerado un factor que atañe a la Seguridad de los Estados. De esta forma la Seguridad es un concepto más amplio y que considera todos aquellos fenómenos que tras la guerra fría, han tendido a englobarse bajo el término “amenaza”, con títulos de “nuevas amenazas”, “amenazas emergentes” o “amenazas tradicionales”,4 pero fenómenos como las pandemias, el terrorismo, desastres naturales, la pobreza extrema, la exclusión social, son considerados también pero como preocupaciones de la seguridad de

los estados.5

2.- Como factor político.

Los efectos de los cambios demográficos para la paz y seguridad de la región no han sido analizados suficientemente. Procesos de crecimientos demográficos inorgánicos en un país podrían alentar conflictos internos, exportando sus efectos si los regímenes fracasan ante las múltiples tareas que ello demanda. Aquellos países con un vigoroso incremento demográfico, no es el caso de Chile, tendrán por delante el desafío mayúsculo de satisfacer las necesidades básicas de sus habitantes. Tan simple como dotarlos de infraestructura, servicios básicos y asegurarles suficientes plazas de trabajo. El riesgo del fracaso podría alentar  brotes de conflictos sociales y políticos internos, con efectos expansivos no cuantificados para países vecinos, comenzando por las regiones fronterizas.

Disputas fronterizas por el acceso a recursos naturales, comienzan también a ser incorporados como indicadores de riesgo político. Sobre todo los recursos hídricos compartidos han acrecentado su importancia como factor de discordia entre comunidades locales y proyectos mineros y agrícolas de gran magnitud. Otro problema no resuelto lo constituye también el uso y aprovechamiento de aguas compartidas, especialmente en regiones de escasa pluviometría y alta demanda industrial.

También procesos de corrientes de migración interna y externa en volúmenes superiores a las posibilidades de los receptores podrían poner en riesgo las capacidades institucionales y físicas instaladas. Sobre todo importante es iniciar estudios sobre la salud demográfica que muestran las regiones fronterizas, focos prioritarios y primarios de migración regular e irregular. En este caso, las variables deben propender a analizar la presión demográfica sobre ellas, sus características y como ella impacta en su desenvolvimiento económico.

Sin embargo, este cuadro debe considerar las oportunidades derivadas de las diferencias económicas y demográficas entre naciones vecinas. La tendencia es que los Estados pobres o en vías primarias de desarrollo dispondrán de crecientes contingentes de población joven, con dificultades de inserción laboral y por lo mismo mayor disposición a la migración. En cambio, países en la región con mayor nivel de desarrollo, con una población en vía de envejecimiento y encaminados hacia el decrecimiento numérico, comenzarán a apreciar una inmigración de contingentes poblacionales jóvenes. De esta manera la ecuación podría ser que mientras los primeros se verán alentados a exportar población con el fin de disminuir las presiones sociales, otros podrían encontrar la oportunidad de “importar” poblaciones que contrarresten la baja de la natalidad interna.

IV.-    Demografía y Seguridad: una relación necesaria.

Sobre la relación entre Seguridad y Demografía son escasos los consensos, pero antiguos los esfuerzos. Perdura en el tiempo el “Ensayo sobre el principio de la población (1798)” de Thomas Malthus, a través del cual sostuvo la tesis que mientras la población humana crecía en progresión geométrica, los medios de subsistencia lo hacían en progresión aritmética (malthusianismo). Esto llegaría a un punto tal que la población no encontraría recursos suficientes para su subsistencia, lo cual se conoció como el “siniestro maltusiano”. Con el fin de prevenirla, Malthus recomendó a los Estados aplicar medidas radicales de control de la natalidad.

Si bien esta visión trágica fue aminorando con el desarrollo de la industria agropecuaria, el problema de la escasez de alimentos no se ha descartado como un riesgo global. Según datos de la OMS, anualmente fallecen 20 mil personas de inanición y son casi 800 millones de personas que padecen de hambre, constituyendo uno de los objetivos de la ONU su reducción a la mitad en los próximos 5 años6.

Sin embargo, en el debate político y científico aparecen también otros factores de riesgo para la seguridad:

1.-     ¿Existe algún vínculo entre desarrollo demográfico y seguridad?
El proceso de urbanización que vive la población mundial, añadido al de las migraciones y la presión sobre los recursos naturales, presagian nuevos riesgos y formatos de hipótesis de conflicto. En su expresión más extrema, la guerra, conduce a tesis de operaciones militares diferentes a los tradicionales, anidadas en centros urbanos y en torno a bienes naturales vitales para la vida humana. Ello plantea exigencias en materia doctrinaria y también armas afines a esta nueva realidad. La guerra en Irak es un ejemplo de aquello.

Incluso, en un escenario de “guerra fría” los focos más peligrosos se trasladarán a las ciudades, cada vez más determinantes económica y políticamente para los países. Los anillos suburbanos de los países en desarrollo, en su gran mayoría empobrecidos, serán más sensibles a convertirse en áreas de reclutamiento para luchas radicalizadas y revolucionarias.

Por otra parte, avances tecnológicos en las comunicaciones y en el transporte han facilitado las corrientes migratorias “circulatorias”, es decir, sin vínculos ni disposición a establecerse en los países de destino sino por el tiempo necesario para sortear alguna necesidad coyuntural. Esto permite incorporar en este ámbito la posibilidad que minorías éticas y/o extranjeras jueguen un papel cada vez más importantes en la vida social, política y cultural de los países, y en este sentido que de ellas surjan activistas estratégicos para sus propios Estados.

Presiones demográficas podrían alentar conflictos también sobre ciertos recursos naturales. Por ejemplo, el control sobre el agua en zonas desérticas la puede convertir en un medio de presión de gran efectividad. Sobre todo en países del tercer mundo esta hipótesis surge como un factor de poder y también de vulnerabilidad a la estabilidad.

2.-     ¿Cambios demográficos pueden afectar la seguridad interior del Estado?
Factores demográficos influirán en que países con baja y alta tasa de natalidad, deban verse obligados a desarrollar otras “fuentes de poder nacional”.
Países con bajo crecimiento poblacional privilegiarán sus estrategias militares poniendo más acento en el desarrollo tecnológico y en la profesionalización de sus cuerpos armados, y menos en el grueso y número de efectivos militares. Un claro indicio de lo dicho ocurre en Europa Occidental, cuyas Fuerzas Armadas han transitado desde un concepto basado en Servicios Militares masificados a otro de menor número, más profesionalizadas y enfocadas a escenarios bélicos en las regiones “europeriféricas”. La reducción del personal militar ha sido compensada con la introducción de armas de alto desarrollo tecnológico, sumado a un aumento de la inversión en la instrucción militar.

Países que acusan un menor crecimiento poblacional optarán por compartir con países afines gastos en el desarrollo de nuevas armas. En cambio, aquellos sin los recursos necesarios, como Rusia, podrían optar por asentar su propia política de seguridad en el desarrollo de armas de destrucción masiva.

En cambio, los países con alta tasa de natalidad fundarán su fortaleza militar en el tamaño de sus Fuerzas Armadas. Países multiétnicos advierten en el Servicio Militar obligatorio un modo de lograr la cohesión social en torno a una identidad común.

3.- La variable demográfica como un factor de política exterior en regiones fronterizas. El extremo norte y sur de Chile: dos hipótesis, dos consecuencias.

a) El extremo norte.

  • Disminución poblacional en Arica7

La población en la región de Arica y Parinacota es de 189.644 habitantes, concentrándose un 98% en la comuna de Arica. Según datos del INE, Arica es la única región que en estos años ha perdido población, de hecho mientras en Chile la población absoluta ha aumentado en un 7,5%, de Arica y Parinacota han emigrado más de 12 mil personas, es decir una caída de un 6,5% de su población. El desempleo y la baja en el índice de actividad económica acumulado en los últimos dos años (21%), son razones invocadas que explican la fuga de personas a otros puntos del país.

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Desde el punto de vista étnico la región cuenta con un gran porcentaje de etnia aymará (83,9% a nivel nacional entre la región y Tarapacá) y quechua.

La condición “transfronteriza” de la región se ha traducido en que 53,6% del total de residentes extranjeros en la Región de Arica y Parinacota provienen de Bolivia, mientras que el 32,1% lo son del Perú.

  • Aumento poblacional en Tacna.

Tacna ha experimentado un sostenido crecimiento poblacional en los últimos 20 años. De similar población a Arica, al cabo de dos décadas casi dobla en población a esta ciudad. La región entera (Departamento de Tacna) cuenta con 288.781 habitantes según el censo realizado en el 2007 por el Instituto de Estadísticas de Perú. Se encuentra entre las 5 regiones menos pobladas de ese país, pero registra una tasa de crecimiento anual de 2%, la cuarta más alta de dicho país.

La mayor parte de la población de la región se concentra en la ciudad de Tacna y sólo un 9% de ella vive en zonas rurales, siendo uno de los índices más bajos a nivel nacional, sólo superado por Lima y Callao.

Desde mediados del siglo XX, la región registra niveles elevados de inmigración, al punto que el censo de 1993 acusó un 44,1% de población de Tacna nacida fuera de la región. Mayor parte de los inmigrantes a esa región provienen de la zona del Puno, es decir, de la alta sierra andina peruana.

Su rápido crecimiento tiene que ver con la fijación de un estatuto de franquicias especiales, una migración rural proveniente de la sierra peruana fruto de períodos largos de violencia política en las regiones andinas (Sendero Luminoso), el consecuente detrimento de las condiciones económicas y con externalidades positivas que, en su condición fronteriza, recoge del norte chileno.

  • Cambios demográficos en Bolivia

Con algo más de 10 millones de habitantes, la población boliviana ha experimentado un importante repunte desde mediados del siglo pasado, con un incremento de más de un 300% y una modificación radical de su localización, características que se manifiestan en su traslado territorial y en la concentración masiva de ella en las áreas urbanas, en desmedro de la rural.

Un segundo fenómeno es el quiebre del eje demográfico alineado de Norte a Sur ( La Paz, Oruro, Cochabamba, Sucre y Potosí), a otro de carácter horizontal, que se desplaza de Este a Oeste (La Paz, Cochabamba, Santa Cruz). No sólo aumenta la población, sino que se observa un flujo poblacional del occidente hacia el oriente boliviano.

En tercer lugar, de ser un país abrumadoramente rural, desarticulado y sin estructura de ciudades, Bolivia ha evolucionado a un país con población mayoritariamente urbana, parcialmente articulado y con una estructura de ciudades consolidadas, todo ello en un plazo de menos de cincuenta años. La modificación es notable a partir de mediados del siglo pasado, que coincide con la Revolución de 1952, se acelera el crecimiento a partir de 1976 y se consolida a partir del censo de 1992. Entre aquel y el censo de 1992 se produce un cambio cualitativo en la localización de la población, pues adquiere un carácter predominantemente urbano y sólo a partir de la aplicación de la Participación popular como Política de Estado (1994), se estabiliza y advierte un lento crecimiento de la población rural.

Evolución cuantitativa de las ciudades 1900-20018

Departamento

1900

1950

1976

1992

2001

Chuquisaca

6

4

6

6

9

La Paz

3

9

15

14

25

Cochabamba

9

9

14

15

28

Oruro

2

5

7

8

7

Potosí

3

7

19

10

9

Tarija

1

3

6

5

6

Santa Cruz

4

8

22

32

57

Beni

1

3

10

12

14

Pando

1

1

1

TOTAL

29

48

100

103

156

b) El extremo sur9

Población/año

1920

2002

Porcentaje de crecimiento

Magallanes

28.690

150.826

425,7%

Tierra del Fuego (parte chilena)

2.635

6.904

162,0%

Tierra del Fuego (parte argentina)

2.608

101.071

3775.4%

Con objeto de enfrentar la precariedad de la vida en su zona insular austral, en 1972, la República Argentina aprobó la Ley Nacional Nº1964010 sobre régimen especial fiscal y aduanero para el entonces Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur11.

La creación de una zona sujeta a un régimen económico particular no fue una novedad; anteriormente, se había creado un régimen especial fiscal y aduanero, derogado por la Ley Nacional Nº18.588. Además, en la misma época los otros estados presentes en el cono sur (Chile y Reino Unido) adoptaron también leyes de fomento productivo.

Sin embargo, la novedad se relacionó con dos aspectos:

  • Los propósitos del régimen se relacionaron más con imperativos

geopolíticos que propiamente económicos, como el poblamiento del territorio y el desarrollo tecnológico nacional. Lo primero surgió como una necesidad frente a los otros estados. Se incentivó la instalación de población argentina en una región donde se registraba una gran comunidad extranjera, particularmente chilena12. A partir de mediados de la década de los ochenta, el fin del conflicto del Beagle, desplazó la preocupación argentina hacia la presencia británica en las Malvinas/Falklands; para demostrar la ‘ilegitimidad’ de la misma, se hizo necesario aumentar la población en toda la Patagonia. Igualmente, se buscó el establecimiento en Tierra del Fuego de industrias de avanzada que permitieran al país contar con las tecnologías más modernas.

  • Lo segundo es la permanencia del régimen de incentivos. Pese a los

avatares del desarrollo político y económico argentino y a las dificultades financieras del país, éste se ha mantenido. Nuevas leyes (Ley 19.640) fijaron un sistema de exenciones impositivas y franquicias arancelarias para las actividades desarrolladas en Tierra del Fuego. Por un lado, favoreció la llegada de bienes de consumo y materiales de construcción, compensando los sobrecostos de transporte derivados de la ubicación de la provincia respecto de los centros productores del país; con ello, se dio un primer impulso al comercio y la edificación.

Además, se posibilitó la radicación de empresas de transformación de materia prima importada, con lo que se instalaron firmas productoras de aparatos electrónicos y electrodomésticos, empresas textiles, plásticas, etc., que modificaron substancialmente el esquema económico de la región e impulsaron
un vigoroso crecimiento.

Finalmente, su implementación se ha complementado con otros regímenes de excepción a favor de la zona austral (promoción de abastecimiento eléctrico, promoción para puertos patagónicos, subsidios al combustible de la Patagonia, subsidio de gas en la Patagonia, subsidio al tráfico aéreo) y con generosos regímenes de subsidio de gasto administrativo y político y de obra pública.

La inversión aumentó la demanda de mano de obra y atrajo un nuevo flujo migratorio. Asimismo, el efecto multiplicador de la inversión industrial favoreció la expansión del sector comercial, el transporte y las comunicaciones, y los servicios en general. El comercio amplió y diversificó su oferta, respondiendo a la demanda de la población local y manteniendo para el visitante el atractivo de los artículos importados.

En este sentido, el régimen legal a partir de 1972 puede considerarse exitoso; la población de la parte argentina de Tierra del Fuego (40% del territorio de la isla) creció desde los 15.000 habitantes de 1968 (8.000 en Río Grande, 5.677 en Ushuaia y 100 en Tolhuin), hasta los más de 140.000 en la actualidad (75.000 en Río Grande y 65.000 en Ushuaia)

Las estimaciones cifran la sola población de Ushuaia en cerca de 200.000 habitantes para el año 2020 (gracias a una inmigración interna de cerca de 5.000habitantes/año)

Por comparación, la población chilena al sur del estrecho de Magallanes se ha mantenido constante en alrededor de 10.000 habitantes.

El efecto del incremento de población, unido al abandono relativo de la parte chilena, ha tenido efectos perniciosos en otras áreas, como inversiones en infraestructura favorables a la conectividad entre Argentina continental y la parte argentina de Tierra del Fuego. El impacto de estas medidas ha incidido directamente en el diseño de algunas inversiones en la región. Tal es el caso por ejemplo de la infraestructura vial, que se ha visto determinada por los flujos de tránsito mayoritariamente entre la Provincia de Santa Cruz (Argentina) y su sector de Tierra del Fuego. Dicha política ha conducido a que los servicios de control (particularmente Aduana y SAG) no puedan ejercer su función respecto de las mercaderías que circulan, por territorio chileno, entre la Argentina continental y la parte argentina de la Tierra del Fuego. Para efectos aduaneros y sanitarios, la parte oriental de la Tierra del Fuego chilena es un área no sometida al control de las autoridades chilenas.

A diferencia de lo que ocurre en el tráfico Chile-Chile, donde los buses, camiones y vehículos chilenos se encuentran sometidos a las normas locales, el tráfico Argentina-Argentina está exonerado de impuestos, incluyendo el paso de Primera Angostura. Tributariamente, las actividades en la parte oriental de Tierra del Fuego tampoco responden a la soberanía chilena.

La perpetuación de la diferencia poblacional lleva a que Tierra del Fuego chilena bascule hacia Tierra del Fuego argentina. La población de Porvenir asiste regularmente a Río Grande, mientras que en la ciudad chilena se han cerrado servicios de salud (desde hace varios años nadie nace en Porvenir) y en la parte oriental de la Tierra del Fuego chilena los accidentes son cubiertos por ambulancias del Hospital de Río Grande.

Esta situación se acrecentará con la pavimentación de la ruta que comunica Primera Angostura con el paso fronterizo de San Sebastián. Cuando ello ocurra no sólo se consolidará la situación de desequilibrio entre los tráficos internos de cada país, sino que también la única ruta pavimentada de la Tierra del Fuego chilena estará a 150kms de la ciudad principal de esa provincia.

Dado que la policía se sitúa donde se encuentra la población (esto es Porvenir), es fácil concluir que el proceso por el cual la parte oriental de la Tierra del Fuego bascule hacia Argentina se acelerará.

Lo mismo ocurrirá en materia hídrica. El agua que abastece la ciudad de Río Grande (75.000 habitantes) viene de fuentes chilenas y la Cancillería argentina está desarrollando una activa política para asegurar su control.

V.- Demografía y Seguridad: ¿Qué hacer?

1.- Los datos demográficos que arrojan las estadísticas son suficientes para considerarlos como sensibles para la seguridad nacional de los estados. Habiendo consenso detrás de esta tesis corresponde que los estados encabecen el diseño de una estrategia de “contención” que entremezcle investigación, análisis, ayuda al desarrollo y un adiestramiento militar con focos concretos y determinados. Orientando esfuerzos a realizar observaciones cualitativas de los indicadores demográficos, desarrollando sistemas de alarmas tempranas y entregando material para el diseño de políticas preventivas. Por ejemplo, determinando y desmenuzando en lo relevante la evolución de las densidades demográficas en las zonas fronterizas de países vecinos, verificar si ella logra (y en que grado) ser absorbida por la economía formal y/o informal de aquellos países, como influye este factor sobre la doctrina de seguridad funcional y territorial, si existen conflictos étnicos y/o sociales al interior de ese país, etc.

En segundo lugar, las políticas de cooperación deben necesariamente tener integrado como línea de análisis y decisión de las ayudas la cuestión demográfica. Un objetivo de política exterior en esta materia es apoyar reformas políticas en países en desarrollo con altas tasas de crecimiento demográficas, con el fin que internalicen sus aumentos poblacionales y disminuyan los riesgos que derivan de crecimientos poblacionales inorgánicos. “Cooperación en Seguridad” en todos sus ámbitos y lineas de acción, desde asistencia académica hasta inserción de grados de influencias en sectores claves

En tercer lugar, los procesos de urbanización poblacional también deben servir en la definición de estrategias, modelos y diseños en la doctrina militar. Nuevos entrenamientos, nuevas tecnologías, es decir un concepto militar enfocado a un teatro de operaciones urbano.

2.- Los cambios demográficos generarán un mayor peso a ciertas regiones en el mundo, que seguro reclamarán mayor representatividad en los organismos internacionales. El desafío para muchas de ellas será conservar los principios y valores jurídicos de la cultura occidental-cristiana en las que fueron creadas. Es probable que valores como la justicia, la libertad, libertad contractual puedan entrar en una fase de tensión, justamente por la calidad de comprensión proveniente de estas nuevas regiones más pobladas. Probable es que los impulsos culturales de países tan diversos, como la India, China, del África y los mismos países árabes puedan tratar de imponer sus propios matices en temas como, por ejemplo, los derechos humanos. La pregunta es si acaso los marcos institucionales de los OO.II. perdurarán, serán modificados o simplemente reducidos a la luz de la mayor influencia que podrían jugar las regiones más pobladas aludidas.

3.- Países con población en proceso de envejecimiento muestran mayor aversión al riesgo, a la innovación, al tiempo que mayor afección a la seguridad y a la propiedad. Sociedades envejecidas prefieren el statu quo, las jóvenes en cambio son más flexibles y con mayor predisposición al cambio. El desafío en este campo para los Estados de las primeras es lograr mantener una cuota de poder suficiente basado en el “soft power”, pues la gran interrogante que subyace en el fondo es si acaso éstos seguirán siendo considerados países de referencia en materia institucional y de desarrollo social.

4.- Los cambios demográficos son en si mismo procesos neutrales desde el punto valórico. Sin embargo, por primera vez la humanidad o parte de ella se enfrenta al envejecimiento, al decrecimiento, en otras palabras a la desaparición. A la fecha las reducciones poblacionales tenían que ver con catástrofes naturales o conflictos bélicos. Cerca está la ciencia de comprender al aumento de la población como una exigencia y un desafío, pero en ningún caso como una amenaza o peligro en términos malthusianos.

5.- La esencia del fenómeno de la migración ha ido cambiando con los tiempos. Lejos quedó aquel recuerdo del inmigrante que desembarcó en las costas valdivianas con mujer, hijos, un machete, un serrucho y frente a si un extenso territorio inexpugnable. Hoy el migrante encuentra en el país de destino infraestructura y mantiene estrecho contacto con su país de origen. Eso la convierte en un fenómeno reversible, la expectativa del regreso no se diluye con la llegada al país de destino. Más bien ha dado forma a un tipo de “migración circular”, con estadías temporales que van alternándose entre el país de origen y el de destino. Este fenómeno desafía la capacidad de integración y también en la disposición del migrante a aceptar las condiciones de sometimiento a los cánones locales. Procesos de migración circular germinan en sus efectos en toda su dimensión en las segundas y terceras generaciones de migrantes, sobre todo el desafecto de la patria, individuos de dos mundos, tensiones entre tradiciones locales y aquellas heredadas, etc. ■■■■■

Roberto Ruiz P.

Investigador asociado del Instituto Democracia y Mercado

1 Abogado y Diplomático (Primer Secretario del Servicio Exterior de Chile). LL.M. en Derecho de la Universidad de Freiburg, Alemania.

El autor agradece los aportes realizados por el Dr. Raul Sanhueza, abogado y Consejero del Servicio Exterior de Chile y al General en retiro y asesor del Ministerio de RR.EE. Javier Urbina, por los comentarios, visiones y análisis de algunas de las perspectivas abordadas en este trabajo.

2 Fuente: CELADE (Centro Latinoamericano de Caribeño de Demografía). Sitio Internet: http://www.eclac.org/publicaciones/xml/4/32634/OD-3-cuadros-tables.pdf

3 Cuadros elaborados por autor en base a fuentes de CELADE (ver nota a página 2).

4 Ministerio de Defensa Nacional. “Libro de la Defensa Nacional de Chile 2010” p. 130

5 Organización de los Estados Americanos. “Declaración Sobre Seguridad de las Américas”; Conferencia especial sobre seguridad en Ciudad de México, Octubre de 2003

6 Cumbre Mundial de la Alimentación (FAO), 13-17 noviembre de 1996.

7 Recuadro extraído del trabajo “ Informe demográfico comparativo de las Provincias de Arica, Iquique, Tacna y Andrés Ibáñez (Santa Cruz), Corporación de Desarrollo de Arica y Parinacota, 2008.

8 Fuente: Categorías de ciudades, sistema urbano, y bases para una política nacional de asentamientos humanos. Ministerio de Vivienda de Bolivia, Dirección General de Políticas y Normas de Asentamientos Humanos, 2002

9 Recuadro siguiente extraído del trabajo “Magallanes: Dinámica económica y demográfica 1960-2006; leyes de excepción para el desarrollo; que hacer y que evitar”, del autor José Vera G.; (Magallania, 2008, Vol. 36(2):63-78.

10 Sancionada el 16 de mayo de 1972, fue publicada en el Boletín Oficial del Estado del 2 de junio del mismo año.

11 Transformada en Provincia el 26 de abril de 1990, mediante la Ley Nacional Nº23.775.

12 En 1960, los argentinos constituían la quinta “comunidad” de Ushuaia después de chilenos, italianos, yugoslavos y españoles.

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