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HAITÍ, SEIS MESES DESPUÉS DEL TERREMOTO

HAITÍ, SEIS MESES DESPUÉS DEL TERREMOTO

HAITÍ, SEIS MESES DESPUÉS DEL TERREMOTO

HAITÍ, SEIS MESES DESPUÉS DEL TERREMOTO

adsfLa reconstrucción urbana está fuera del alcance y de las capacidades de las agencias humanitarias. Las tormentas tropicales agravarán la situación de gente que sigue viviendo en tiendas.

Cuando se cumplen seis meses del devastador terremoto y comienza la estación de lluvias, se impone hacer balance de la situación, francamente difícil para los habitantes de Haití, uno de los países más pobres del planeta. La vida es dura para los desplazados desde el terremoto: más de un millón y medio de personas viven aún en tiendas de campaña, sin electricidad ni agua potable. Los casi 1.300 campamentos de emergencia se han convertido en residencia estable, también para más de 800.000 niños.

Anthony Lake, director general de UNICEF, acaba de afirmar que “el terremoto en Haití ha sido un desastre para los niños, y no ha terminado todavía”, a pesar del gran esfuerzo realizado “para salvar vidas y ayudar a los niños a tener un futuro”. Más de 275.000 fueron vacunados. Los programas de nutrición suministran alimentos a unos 550.000 niños menores de cinco años, así como a madres lactantes. Alrededor de 2.000 niños gravemente desnutridos tienen atención especial y alimentos terapéuticos. Unos 500.000 niños han recibido material educativo.

La Agencia Fides difundió una nota de Caritas de Haití, que informa sobre ayudas prestadas a más de 2,3 millones de haitianos. “Caritas ha podido dar agua, alimentos, alojamientos de emergencia, primeros auxilios y ayuda necesaria y urgente por un total de 46,8 millones de dólares USD (unos 37,4 millones de euros). En total ha sido un millón y medio las personas ayudadas y unas 400.000 las inscritas en el programa de asistencia médica”.

Pero el responsable de la Cruz Roja en Haití, Alastair Burnett, afirma: “lo que estamos haciendo no puede prolongarse para siempre. No tenemos recursos infinitos”. Burnett subraya que la higiene es un problema mucho más amplio que la reconstrucción urbana, que por lo demás está fuera del alcance y de las capacidades de las agencias humanitarias. De todos modos, se destaca la ausencia de epidemias y protestas sociales como indicadores del éxito relativo de la fase de urgencia (Le Monde, 12.07.2010).

RETRASO EN LA AYUDA PROMETIDA

Diversas fuentes coinciden en la lentitud y retraso de la asistencia internacional comprometida. De los 5.000 millones de dólares prometidos por las instituciones del mundo económico y financiero, hasta ahora sólo habría llegado a Haití el 11%. Ciertamente, la crisis económica de Europa y Norteamérica se hace sentir, pero esos recursos son muy necesarios en este momento, señaló la embajadora en Italia, Geri Benoit, preocupada por la incapacidad para hacer frente a los problemas que la temporada de lluvias causará. Se trata de una carrera contra el reloj: la época de huracanes se acerca y las inundaciones arrastrarán las tiendas de campaña y las viviendas provisionales.

Un día antes, describía en “Le Monde” el cantante Wyclef Jean, cofundador en 2005 de Yéle Haïti —una ONG para luchar contra la pobreza mediante el desarrollo de la educación y la salud—, la situación que observó en recientes viajes: no han desaparecido los escombros de los edificios en ruinas. A juicio de Enrique Silva, profesor de la universidad de Boston, “la reconstrucción de Haití va mucho más allá del espectacular abatimiento de los edificios y las infraestructuras. También afecta a las estructuras políticas, sociales y económicas, que han agravado sin duda el impacto del temblor de la tierra”.

De hecho, la reconstrucción del país se ha retrasado por litigios de solares y tierras, barreras burocráticas, cuestiones aduaneras, diferencias de opinión en cuanto a la estrategia que debía seguirse. A esto se unen las dilaciones en la recepción de las promesas hechas a Haití. Afortunadamente, el trabajo de las ONG suple la insuficiencia administrativa, por ejemplo, en el sector de la sanidad. A ellas irán cada vez más los fondos internacionales, y no a agencias gubernamentales. Pero importa mucho avanzar en coordinación interna, como señalaba a un diario canadiense Jean Yves Jason, alcalde de Puerto Príncipe, una ciudad destruida en sus tres cuartas partes (Le Devoir.com, 14-7-2010).

Las tormentas tropicales agravarán la situación de gentes que siguen viviendo en tiendas construidas a base de trapos, cartón y plásticos. Esas condiciones insalubres les exponen a un mayor riesgo de lesiones y enfermedades. Además, las mujeres experimentan peligros mayores de violencia y violaciones, especialmente al no tener una casa donde pasar la noche. También los niños están sujetos a riesgos de secuestros, trata y prostitución.

GARANTIZAR LA SEGURIDAD PÚBLICA

Urge seguir avanzando con acciones concretas. Como afirma Heather Paul, director de Aldeas Infantiles de Estados Unidos, “la gente necesita ver signos de progreso”. A corto plazo, la Comisión para la Reconstrucción de Haití debe desbloquear 150 millones dólares para garantizar la seguridad pública y luchar contra la violencia, secuestros y violaciones en todo el país, en particular entre las comunidades más vulnerables. La Comisión debe establecer un programa serio de limpieza de escombros las ruinas, y de creación de empleos para los jóvenes, que les permita alimentarse y alimentar a sus familias. Sería el verdadero comienzo del proceso de reconstrucción y daría esperanza de futuro a todos.

El Cardenal Óscar Rodríguez Maradiaga, S.D.B., Presidente de Caritas Internationalis, ha propuesto una reflexión titulada “La oportunidad de construir un Haití mejor”, como parte del Informe “Nueva Esperanza para Haití después de 6 meses del terremoto”. Insiste en que “aún mucha gente de la capital y de los pueblos del interior del país necesitan ayuda, tenemos que pensar en su salud, en su alimentación y también en su educación. No podemos olvidarnos de Haití” (Agencia Fides, 10/07/2010).■■■■■

Aceprensa
16 07 2010

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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