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EL BUEN LADRÓN

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EL BUEN LADRÓN
junio 10

EL BUEN LADRÓN

Sin título-1Con el mérito de personajes bien dibujados lo que es “dickensiano”, es una novela de aventuras. Buena lectura para todo público, en especial adolescentes dados a leer…

Se ha dicho de esta novela que es dickensiana y que debe algo a esos mundos extraños y bellos que Tim Burton sabe recrear en el cine. En realidad es una novela de aventuras —a veces algo macabras, aunque sin morbo, porque los protagonistas se dedican a robar cadáveres para venderlos a la “ciencia”—, ideal para quienes gustan de ese género, sobre todo en la subespecie gótica.

Además, la novela tiene el mérito —y eso sí que es dickensiano— de unos personajes tan bien dibujados que resultan inolvidables: Ren, el niño manco protagonista, el misterioso y seductor Benjamín, el ex maestro borracho Tom, el asesino por vocación Dolly, la señora Sands, que siempre habla a gritos, el enano que vive en el tejado…

La trama no es complicada y las aventuras se suceden a buen ritmo. Algunos desenlaces de esa trama son previsibles, para lectores experimentados, pero, en general, el interés se mantiene vivo.

Si hay un valor que destaca por encima de todos es el de la amistad, algo que Ren, el niño de 12 años, abandonado por sus padres y criado en un hospicio, tiene casi por naturaleza. Sabe hacerse amigos de todos y ayudar a todos. Por eso, aunque los mayores le han motivado en su antigua afición de ladrón, es un buen ladrón. Hasta que deja de serlo porque al final resulta que…

La novela, muy contenida en los pasajes en los que podría haber sido cruda, es para un público amplio, a partir del buen lector adolescente.■■■■■

Rafael Gómez Pérez

Forum Libertas

02/06/2010

The Good Thief

Autor: Hannah Tinti

Anagrama. Barcelona (2010).

356 págs. 19,50 €.

Traducción: Jesús Zulaika.

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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