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¿UN LINDO BILLETE?

¿UN LINDO BILLETE?

¿UN LINDO BILLETE?

¿UN LINDO BILLETE?

Sin título-3Sobre las cualidades estéticas de los nuevos billetes, hay opiniones. Sobre el “look” de los personajes, pasando por la variedad de colores, hasta los distintos tamaños.

Que sobre gustos no hay nada escrito es una de las más grandes mentiras que existen. ¡Por supuesto que de gustos se escribe, y mucho! ¡Hay legiones de expertos en la materia! Lo que pasa es que cuando algo no es del gusto de uno, es más educado valorar la diversidad de opiniones que acusar de mal gusto a la contraparte.

Por eso, respecto del nuevo billete de 20 mil pesos presentado oficialmente, diremos que “sobre gustos no hay nada escrito”. Porque hay todo tipo de miradas sobre las cualidades estéticas de los nuevos billetes, desde el look “mejorado” de los personajes que los adornan, pasando por la variedad de colores, hasta los distintos tamaños de las diferentes denominaciones. El nuevo de “20 lucas” es de color cobrizo y es 7 mm más largo que el nuevo billete de $ 10 mil; a su vez, este es 7 mm más largo que el nuevo de $ 5 mil.

Otros países han tomado otro camino. EE.UU., por ejemplo, decidió que sus billetes fueran todos del mismo color y tamaño, y la única diferencia entre las distintas denominaciones es el retrato: Franklin, Lincoln, Grant, etc. Y a los dólares no les va mal en el mercado de billetes, como bien sabemos. Pero, a la hora del juicio estético, ¿son bonitos?

En realidad, lo que importa es que funcionen, y lo mismo hay que esperar del recién llegado a nuestra familia de billetes nuevos (que pronto sumará a los de mil y dos mil pesos). De modo que mire bien el nuevo billete y ojalá le guste lo que ve. Pero sobre todo, úselo. (MG)■■■■■

Punto Aparte

“La Tercera”

09/06/2010

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Napoleón Bonaparte, seducido por una roja y brillante manzana, daba saltos para alcanzarla pero no lo lograba por su baja estatura.

- Déjeme ayudarlo, ofreció uno de sus oficiales. Yo soy más grande.

- Más grande no, respondió Napoleón. Más alto.

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Madame de Stäel era bizca y Talleirand cojo. Ambos personajes del París del siglo XVIII se odiaban y siempre que podían se lanzaban palabras venenosas. En cierta ocasión, Madame de Stäel le preguntó:

- ¿Cómo va esa pobrecita pierna?

- Torcida como usted ve, Señora.

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