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KATYN 1940 – 2010: EL DOLOR Y LA ESPERANZA

KATYN 1940 – 2010: EL DOLOR Y LA ESPERANZA

KATYN 1940 – 2010: EL DOLOR Y LA ESPERANZA

KATYN 1940 – 2010: EL DOLOR Y LA ESPERANZA

Nueva imagenEl mérito póstumo del presidente polaco Lech Kaczynski ha sido unir en una sola voz al pueblo polaco para reivindicar su historia y su identidad nacional

LOS AVATARES DE LA HISTORIA

A cualquiera que conozca al menos un poco la historia reciente de Polonia la palabra “Katyn” le recuerda uno de los numerosos episodios del martirologio nacional polaco de los últimos dos siglos. Se trata de la matanza de más de veinte mil oficiales e intelectuales polacos a manos del invasor soviético en primavera de 1940.

Nueva imagenAdemás de ser una gran tragedia en sí misma, este hecho resulta particularmente doloroso en la memoria colectiva de los polacos, puesto que se convirtió en objeto de una lamentable manipulación mediática por parte de ambos invasores totalitarios: la Alemania nazi y la Unión Soviética que inicialmente se repartieron el territorio polaco entre sí (el pacto Ribbentrop – Mólotov del agosto 1939) y, rota su efímera amistad, a partir de 1941 se disputaron su territorio dentro del teatro de la II Guerra Mundial llamado “el frente este”.

Al descubrir en 1941 las fosas repletas de cadáveres vestidos de uniformes militares los alemanes intentaron aprovechar la matanza stalinista para sus fines: romper el recién formalizado acuerdo entre la Rusia soviética y el gobierno polaco en el exilio e incluso, a ser posible, abrir una brecha entre Stalin y los aliados occidentales. A su vez, los soviéticos, achacando mentirosamente la autoría de los hechos a los alemanes, intentaron limpiar su imagen a la vez que ganarse la simpatía y el apoyo de los polacos.

LA MENTIRA HISTÓRICA DE KATYN

Nueva imagenLo grave del asunto es que esta mentira histórica no se acabó al terminar la II Guerra Mundial, sino que duró hasta el final del gobierno comunista en Rusia y en Polonia a finales de los ochenta. El autor de este artículo recuerda con claridad la actitud heroica de su profesor de historia en la escuela primaria en la Polonia de los años 80 quien al decir la verdad sobre Katyn cometía un crimen político contra el régimen y corría el riesgo de la expulsión del colegio y hasta privación de la libertad. No todos los profesores tenían el mismo coraje.

Recuerdo también otra escena, cuando la profesora de la lengua polaca, preguntada por la invasión soviética del 17 de septiembre del 1939 (era una persona mayor que sin duda alguna recordaba aquellos hechos), se sonrojó y dijo: “yo de este no sé nada”. Insisto: de esos recuerdos míos han pasado apenas más de dos décadas y, aunque desde la época de Gorbachov y Yeltsin las autoridades rusas han ido reconociendo la autoría del crimen por parte del equipo de Stalin, en las últimas dos décadas el tema seguía siendo sumamente incómodo para ellas. Es así por diversas razones, pero sobre todo porque ello desfiguraba la imagen heroica del ejército rojo, visto como defensor victorioso de la patria rusa contra los alemanes y un indispensable aliado de Occidente en la lucha contra Hitler. Ambas cosas son verdad, pero solamente desde que en junio de 1941 Hitler traicionó a su aliado Stalin y empezó su blitzkrieg hacia Moscú, Sankt Petersburgo y los pozos petrolíferos del Cáucaso.

Lo que hasta hace poco resultaba incómodo a los líderes de la Rusia actual era hablar de lo que había sucedido entre el año 1939 y 1941: la alianza militar de Stalin con Hitler (el mencionado pacto Ribbentrop – Mólotov del agosto 1939) y la eliminación de las elites polacas mediante la matanza de Katyn.

LA VICTORIA PÓSTUMA DEL PRESIDENTE KACZYNSKI

En este sentido, el fatídico accidente cerca del aeropuerto de Smolensk acaecido recientemente el 10 de abril de 2010 se convierte paradójicamente en una victoria póstuma del presidente Lech Kaczynski. En ese viaje el jefe del Estado polaco acompañado por muchos personajes relevantes de la vida pública de su país se dirigía a Katyn para rendir homenaje a los oficiales polacos en el 70 aniversario de la matanza.

Kaczynski ha convertido en uno de los empeños principales de su mandato la reivindicación de la historia y la identidad nacional de su pueblo. No solamente en su lado martirial y trágico, como es el caso de las investigaciones sobre Katyn, el Museo de la Insurrección de Varsovia contra los alemanes en 1944, etcétera, sino también de las páginas gloriosas.

Para volver con otro recuerdo personal: la última vez que tuve la posibilidad de ver al difunto presidente de cerca fue hace un par de años asistiendo a la celebración del aniversario del llamado “Milagro del Vístula”, la gran batalla polaco-soviética de 1920, en la cual el ejército polaco obtuvo una sonada victoria salvando de este modo no solamente su capital, sino también la existencia de su estado, de nuevo amenazado por el invasor del este. Dicho sea de paso, muchos historiadores consideran —lo mencionó el mismo primer ministro Vladimir Putin— que la matanza de Katyn pudo ser una venganza de Stalin contra los soldados polacos por la Batalla de Varsovia de veinte años atrás. Una hipótesis más que probable.

Así pues, el presidente Kaczynski, quien luchó por salvar la historia de su pueblo del olvido, mediante su muerte ha conseguido más de lo que hubiera soñado: el nombre de Katyn ha pasado no solamente a la memoria colectiva de sus compatriotas, sino a la memoria colectiva del mundo entero. La noticia de la catástrofe, que recorrió y conmocionó al mundo entero, trajo, como reacción en cadena, un aumento del interés por los terribles sucesos acaecidos 70 años antes. Un ejemplo de ello es el hecho de que las cadenas televisivas de muchos países del mundo han contactado en los últimos días con la televisión polaca mostrando su interés por emitir la película de Andrzej Wajda: Katyn. Post mortem, que hasta ahora ha pasado desapercibida por el gran público.

EL CAMINO HACIA LA RECONCILIACIÓN

Nueva imagenEn general, las muestras de solidaridad y simpatía por parte de los dirigentes políticos de todos los países, empezando por los más poderosos, han sido extraordinarias. Pero lo que merece la pena ser destacado en particular es la oportunidad que este dramático suceso brinda a las relaciones ruso-polacas.

Los medios de comunicación polacos, así como los personajes públicos al unísono declaran su agradecimiento a las autoridades rusas, que actuaron de una manera impecable en relación con las instituciones polacas y las familias de los perecidos en la catástrofe. El pueblo ruso al día de hoy sigue dando muestras de unión en el luto encendiendo velas y depositando flores ante los edificios de la embajada y los consulados polacos en Rusia.

Nueva imagenSegún concluyó a raíz de estos sucesos el cardenal de Cracovia Stanislaw Dziwisz: “tenemos que madurar para ser capaces de decir a nuestros hermanos rusos: perdonamos y pedimos perdón”, haciendo alusión a la famosa frase pronunciada por el episcopado polaco en una carta al episcopado alemán en el año 1965, que marcó un hito fundamental en el camino de la reconciliación polaco-alemana.

La actitud del presidente Medviediev y del primer ministro Putin, así como la proyección inmediata de la película Katyn en el prime time de la televisión pública de Rusia parecen apuntar hacia este camino. En respuesta, igualmente esperanzadora, se erige el mensaje de agradecimiento y amistad leído por el popular actor polaco Daniel Olbrychski en el momento de máxima audiencia de la televisión polaca y firmado por personajes relevantes de la vida política y cultural y miles de internautas polacos.

Si este suceso pudiera servir como un paso importante en el camino de reconciliación entre los eternos enemigos: Polonia y Rusia, ya no sería meramente la victoria de un hombre, sino de dos grandes naciones, encadenadas hasta ahora en una dramática enemistad histórica. ■■■■■

Marcin Kazmierczak

profesor de la Universitat Abat Oliba CEU

Forum Libertas

16/04/2010

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Humor

Un insistente desconocido solicitó ser recibido por Bernard Shaw. Este, después varias negativas, para quitárselo de encima, lo recibió de pie, como para anunciar que la entrevista sería corta. El desconocido le pidió dinero con el siguiente argumento:

—Somos de la misma familia, y es justo que nos ayudemos unos a otros.

—¿De la misma familia? —preguntó Shaw.

—Sí, los dos descendemos de Adán y Eva.

Shaw, sin discutir, le dio un chelín y le dijo:

—Ahí va esto. Y si los demás miembros de la familia le dan lo mismo, no tardará en ser mucho más rico que yo.

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