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HOMESCHOOLING

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abril 16

HOMESCHOOLING

Nueva imagenColegio en la casa. En países como Estados Unidos este modelo no sólo se practica, sino que va en franco aumento.

Me entero de un grupo de padres que está pensando en implementar esta práctica en Chile: sacar a sus hijos del colegio y organizarse ellos mismos para educarlos en casa. Lo que proyectan es obtener resultados mucho mejores a un precio radicalmente menor (aparte de la ventaja de tener a los niños cerca).

Hago mis cálculos y suena interesante. Por ejemplo: una familia con cuatro hijos, a razón, digamos, de 250 mil pesos por niño —caso de un colegio particular pagado de cierto nivel—, da nada menos que un millón al mes. Es decir, 10 millones al año. Eso alcanza para pagar un buen profesor particular (no tiene que estar toda la mañana; al menos un par de horas los niños las dedicarían a leer y a escribir) y un viaje a Europa todos los años. No suena mal.

Para el caso de colegios subvencionados o municipalizados, el monto no es tan alto —en verdad, lejos de eso—, pero con padres dispuestos se pueden obtener también excelentes resultados. Bastaría, por ejemplo, con que se unieran tres familias y cada una aportara lo suyo: aquélla las letras, ésta las artes, la otra las ciencias. Y así.

No suena para nada descabellado, me parece. En países como Estados Unidos este modelo no sólo se practica, sino que va en franco aumento. No veo más argumento en contra que la mentada “socialización” de los niños; hoy por hoy tan desacreditada. Y, dada la realidad de muchas escuelas, casi desaconsejable.■■■■■

B. B. Cooper
Día a Día
“El Mercurio”
16/04/2010

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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