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GARZÓN Y LOS PROBLEMAS DE LA JUSTICIA EN ESPAÑA

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GARZÓN Y LOS PROBLEMAS DE LA JUSTICIA EN ESPAÑA

Nueva imagenLas raíces de lo que está sucediendo en la Justicia española son profundas. Resumamos algunos de estos problemas con los que se ha convivido largo tiempo sin voluntad de resolverlos, y que están en la raíz del actual problema: El posible procesamiento del juez Garzón por delito de prevaricación.

El posible procesamiento del juez Garzón por un supuesto delito de prevaricación, relacionado con la naturaleza jurídica de la causa que abrió contra el franquismo, ha polarizado una buena parte de la opinión pública española e incluso internacional. La tendencia a la simplificación y la falta de racionalidad que preside cada vez más la contienda de las ideas ha convertido lo que es un hipotético delito de actuar mal a sabiendas, es decir, intervenir en un caso sin considerar la ley de Amnistía ni su jurisdicción sobre el tema. Todo esto se ha transformado en un debate que consiste en acusar de franquistas a quienes consideran que el procesamiento de Garzón tiene base suficiente, hasta el extremo de calificar al Supremo como cómplice de las torturas del franquismo. Es un ejemplo de cómo la democracia se pervierte en demagogia.

El acto celebrado en la Universidad Complutense, con presencia de los líderes de UGT, CCOO, IU y el partido del Gobierno, tuvo un tono y un contenido que intenta reavivar la contienda civil enterrada por todos, y que se inscribe en aquella degradación demagógica.

El resultado es una profunda crisis en el sistema judicial español, que alcanza niveles institucionales, cuando, por otros motivos, se extiende a la parálisis que embarga desde hace tiempo al TC y la incapacidad para renovarlo. No sabemos si los ciudadanos han reparado suficientemente en ello, pero una crisis institucional del sistema judicial es lo peor que le puede pasar a un país, porque lo deja sin salvaguardas.

Las raíces de lo que está sucediendo son profundas, y van más allá de los hechos inmediatos. Resumamos algunos de estos problemas con los que se ha convivido largo tiempo sin voluntad de resolverlos, y que están en la raíz del actual problema.

Uno de ellos es la pervivencia de la Audiencia Nacional. Un tribunal especial que es la última reliquia del franquismo —paradoja tremenda ésta, que los más feroces antifranquistas defiendan una estrella del régimen de excepción—, porque la Audiencia es ni más ni menos que el sucesor del Tribunal de Orden Público. No se supo exactamente qué hacer con él y se le transformó en un tribunal que goza de atribuciones excepcionales y recursos económicos que son la envidia de los órganos normales de la justicia.

La Audiencia Nacional tal y como está concebida es sencillamente un despropósito, y ello explica la facilidad con que sus jueces se extralimitan y, porque no decirlo, cometen fracasos clamorosos. Muchos de ellos responsabilidad de Garzón. Pero, como en la carrera judicial no existe ningún control de calidad la bola puede crecer sin ningún problema. El caso de Egunkaria, para citar el más reciente, —que no concierne a Garzón— es un ejemplo de ello. Hace siete años que se cerró un periódico, una medida insólita en Europa, y ahora resulta que todo lo incoado y resuelto estaba radicalmente mal hecho. Era arbitrario e injusto.

Un segundo problema es el hecho inconcebible de que los jueces puedan viajar sin solución de continuidad de la magistratura a la política, listas electorales y al poder ejecutivo, el Gobierno de Rodríguez Zapatero, para volver después a ejercer como juez. Esto es un tremendo despropósito, porque un señor como Garzón que ha ido como número dos en las listas del partido socialista, y ha sido secretario de Estado, que lo dejó por enfado, ¿cómo puede después actuar sin que se le prejuzgue parcialidad?

El tercer hecho es político. España hizo algo muy importante, la transición de una dictadura que había evolucionado hacia un régimen autoritario, a una democracia, sin romper prácticamente nada. El tiempo ha pasado y han venido los adanistas, con Rodríguez Zapatero a la cabeza; aquellos seres peligrosísimos que consideran que lo hecho antes no tiene ningún interés ni importancia, y lo único que cuenta es lo que ellos piensan y hacen. El resultado ha sido que desde el gobierno se ha reabierto la idea de las dos Españas, en parte por irresponsabilidad y en parte también por interés electoral. El PSOE de Zapatero, que no pasa de ser un partido liberal, tiene poco que ofrecer a su votante tradicional y debe recurrir a polarizar la situación con otros temas para evitar que el día de votar se quede en casa.

A estas cuestiones podrían añadirse otras: la partitocracia que invadió el sistema de elegir al CGPJ o la abolición del recurso previo de inconstitucionalidad.

Los mismos que ahora se oponen a que Garzón sea inculpado celebraron castigos durísimos y excesivos a otros jueces simplemente porque no eran de su cuerda, convirtiendo así un terreno tan delicado como éste en una batalla campal.

Es necesario que la capacidad de razonar, la prudencia en el acto, el sentido del bien común se impongan en la mayoría de ciudadanos y rechacen los extremismos, empezando por una cúpula sindical, la de CCOO y UGT, parasitaria del Estado, incapaz de defender los intereses de quienes quieren trabajar y que justifica su existencia a base de enarbolar banderas republicanas. Más trabajo y menos historias, más justicia y menos arbitrariedad partidista.■■■■■

Forum Libertas

14/04/2010

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