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FUTURO DEL DIARIO “LA NACIÓN”

FUTURO DEL DIARIO “LA NACIÓN”

FUTURO DEL DIARIO “LA NACIÓN”

FUTURO DEL DIARIO “LA NACIÓN”

Nueva imagen1“Un primer paso indispensable es el de transparentar completamente a la ciudadanía el origen y la realidad presente tanto de los aspectos jurídicos como económicos de la participación del Estado y los privados en la propiedad y operación de “La Nación” y sus relaciones con el “Diario Oficial” y sus otras actividades comerciales”.

La continuidad de la tarea periodística de este medio, que desde hace unas ocho décadas opera de hecho como “diario del Gobierno” aunque en su propiedad hay cerca de un 30% de participación privada, plantea una seria disyuntiva a las nuevas autoridades. En principio, ellas deberían ser contrarias a su existencia en las condiciones en que por tanto tiempo ha desarrollado su actividad, pero no escasearán los argumentos en favor de contar con una vía de este tipo para hacer llegar en forma directa el pensamiento y las propuestas del Ejecutivo a la ciudadanía, ni faltarán los personalmente interesados en cumplir esa labor.

“La Nación” fue inicialmente obra del destacado hombre público don Eliodoro Yáñez y tuvo no sólo gran influencia política sino también colaboradores de un alto nivel cultural, pero, en su primera administración, el general Carlos Ibáñez forzó a su propietario a venderlo (en una operación que recuerda la posterior enajenación de “Clarín” durante la Unidad Popular) y desde entonces ha estado al servicio del gobierno de turno. Pese a que este carácter no facilita, desde un punto de vista profesional, su competencia con los medios independientes de la autoridad, aunque puede reportarle ventajas económicas por el avisaje estatal, lo que verdaderamente asegura su estabilidad financiera parece ser la extraña simbiosis (con un solo favorecido) que mantiene con el “Diario Oficial”.

En este largo transcurso del tiempo, ningún Mandatario ha tomado la decisión —o por lo menos no la ha llevado a cabo— de corregir esta situación anómala. Para complicarla aun más, y debido probablemente a gestiones realizadas a comienzos de la transición al actual régimen democrático, traducidas en nuevas fórmulas jurídicas, la minoría de accionistas particulares, poseedora de un alto número de acciones preferentes, goza de atribuciones que los benefician a la hora de una eventual venta de “La Nación”.

Sin embargo, es de esperar que el actual Gobierno enfrente de una vez por todas esta anomalía del ámbito periodístico nacional, más aun cuando cabe suponer que está en vías de finiquitarse, como corresponde, la vinculación —en este caso, personal— del Presidente Piñera con la propiedad de otro medio de comunicación como es Chilevisión. Un primer paso indispensable es el de transparentar completamente a la ciudadanía el origen y la realidad presente tanto de los aspectos jurídicos como económicos de la participación del Estado y los privados en la propiedad y operación de “La Nación” y sus relaciones con el “Diario Oficial” y sus otras actividades comerciales.

En cuanto al tema de fondo, sobre la base de tales antecedentes y conforme a lo que ha sido la posición permanente de los sectores políticos que hoy tienen la responsabilidad de orientar las políticas públicas, lo procedente sería que el Gobierno diera un corte al problema y, rechazando burdas tentaciones del poder, prescindiera de la posesión de un medio de prensa dependiente de él, tal como ha ocurrido en el caso de Televisión Nacional. ■■■■■

“La Segunda”

Editorial

12/04/2010

Social

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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