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DIPLOMACIA TAMBIEN PARA DIPLOMATICOS

DIPLOMACIA TAMBIEN PARA DIPLOMATICOS

DIPLOMACIA TAMBIEN PARA DIPLOMATICOS

DIPLOMACIA TAMBIEN PARA DIPLOMATICOS

Nueva imagen“La Cancillería chilena ha venido siendo durante décadas, aunque suene a paradoja, un poco el pariente pobre de la administración pública para esos diplomáticos que, como ellos mismos dicen, han ingresado por el último grado del escalafón. Es por esto que muchos desencantados esperan por fin ese tiraje de la chimenea que jamás parece llegar”, escribe Lillian Calm.

No podía creer lo que estaba leyendo en una primera nómina. Este gobierno había decidido confirmar en muchos cargos diplomáticos… a diplomáticos. Esto, que debería ser como dos más dos son cuatro, históricamente ha estado muy lejos de ser así.

En distintos gobiernos (y no dejamos fuera ni el militar, ni los demócratacristianos ni los socialistas), se ha designado en las embajadas mejor conceptuadas apenas a uno que otro profesional de carrera, porque se ha preferido a los socios de partido, a los amigos  e incluso a la parentela de algunos influyentes, los que muchas veces suelen partir más que a prestar servicios, en pago de servicios prestados, ello con honrosísimas excepciones por supuesto. Pero resulta que si hay un cargo que requiere de preparación y oficio, es el diplomático.

Es un hecho, eso sí, y no hay que cegarse por mucho que se defienda a la profesión, que no todos los diplomáticos aprenden bien su oficio, pues esto también implica no sólo saber tomar bien el tenedor, sino no ir a ahorrar al país al cual uno está destinado y no politiquear en el exterior arrastrando votos para elecciones locales.

Recuerdo cuántas veces entrevisté al ex embajador Luis Melo Lecaros, ya fallecido. Para responder al requerimiento de sus alumnos de la Academia Diplomática, que le pedían fotocopias de sus apuntes, terminó publicando cerca de 300 páginas tituladas “Diplomacia Contemporánea, Teoría y Práctica”.

No eran todavía los tiempos de Internet y de otros adelantos posteriores, pero sus conceptos siguen demasiado vigentes como, por ejemplo, “hoy en día no se nace diplomático (…) sino que se le elige cuidadosamente por sus cualidades intrínsecas y se le prepara debidamente. No basta nacer en un medio económico holgado, ni poseer cierta cultura y buena educación; los requisitos son mucho más complejos”.

Destacaba, en lo humano, el patriotismo, la integridad, la dignidad y la vocación, y citaba a Salow, clásico en la materia, para quien las condiciones del diplomático eran “buen humor, buena salud y buen aspecto. Una inteligencia por encima de lo normal, aunque el genio brillante no sea necesario. Buen carácter sin ambiciones excesivas. Mente perfeccionada por el estudio de la mejor literatura y de la historia. Capacidad para apreciar los hechos. En suma, el candidato debe ser un caballero educado”.

Luis Melo consideraba la diplomacia como “la primera línea defensiva del país, de su seguridad e integridad territorial, de sus intereses y aspiraciones legítimas, y su acción debe inspirarse en el más puro patriotismo (…) sin deformaciones ni claudicaciones. El patrioterismo o ‘chauvinismo’ desprestigia al patriotismo, que debe ser un sentimiento sólido y sereno”.

Complejo el tema de los diplomáticos. Y queda tanto que decir. Como por ejemplo el respeto que debería existir por el ingreso a la carrera desde abajo y, luego, durante los ascensos mismos, sin que algunos parezcan saltamontes —como ha sucedido— catapultados sólo por ideologías (algunas muy versátiles… según las circunstancias) y aun por compadrazgos.

Pero en el “hoy” hay otro tema que no sólo preocupa, sino que urge. Lo que apareció como un buen primer envión terminó por desacelerarse —quizás también por el terremoto, no se puede negar— y lo cierto es que el Presidente Sebastián Piñera se ha demorado  en designar a sus embajadores en lugares clave, incluso en países de primera línea que visita en estos días y que se encuentran sin un embajador titular sino, por muy óptimos que ellos sean, con un ministro consejero haciendo las funciones de un encargado de negocios a. i. (léase ad interim, es decir, mientras tanto)

¿Es ésa la mejor práctica diplomática, sobre todo cuando se programa, por ejemplo, viajar a Brasil, que tiene una de las Cancillerías más profesionales del mundo? Casi todos los embajadores de Itamaraty son de carrera. Y lo más seguro es que podamos omitir con toda tranquilidad el “casi”.

Pero una cosa es Itamaraty y otra el ideologizado círculo de hierro de Lula, si nos atenemos a informaciones según las cuales esos asesores se habrían opuesto a que se le concediera el agrément a uno de los más eximios embajadores de nuestra Cancillería, influidos por anacrónicas, sesgadas e injustas odiosidades de protagonistas de segunda de la izquierda chilena.

Por otra parte, hasta ahora la Cancillería ha venido siendo durante décadas, aunque suene a paradoja, un poco el pariente pobre de la administración pública para esos diplomáticos que, como ellos mismos dicen, han ingresado por el último grado del escalafón. Es por esto que muchos desencantados esperan por fin ese tiraje de la chimenea que jamás parece llegar. Incluso podrían incluirse algunas reparaciones (amén de estar en la edad tope) a quienes no fueron ascendidos en su momento por no militar en las filas de la Concertación.

Ha llegado la hora D: o se frustrarán para siempre o podrán demostrar que tenían razón y que no necesitaban, como otros, sólo de ideologías para ascender.■■■■■

Lillian Calm

Temas.cl

07/04/2010

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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