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BENEDICTO XVI, LA IGLESIA Y LA PEDOFILIA

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BENEDICTO XVI, LA IGLESIA Y LA PEDOFILIA

Nueva imagen“Ahora, dejada aparte la campaña mundial en contra del catolicismo, que ataca el celibato, no cabe duda de que la Iglesia debe replanteárselo, no para abolirlo, sino tal vez para que, como fue en los primeros siglos, sea un camino optativo de imitación de Jesucristo y de servicio pleno”. Escribe el sacerdote Luis Eugenio Silva.

El Papa ha hablado claro, dolorido y avergonzado. Ha denunciado el escandaloso pecado y delito de la pedofilia en Irlanda. Si bien es una ínfima minoría, no deja de ser un gravísimo delito e igual pecado, especialmente porque ha venido de personal consagrado, de sacerdotes y religiosos. En su carta dirigida a abusados, abusadores, familiares y jóvenes ha pedido perdón y exige reparación. Quedan varias preguntas.

¿Por qué ha sucedido esto? ¿Por qué se ocultó? ¿Es causa de ello el celibato?

Respecto de la primera interrogante, hay que responder que la pedofilia es un trastorno sico-sexual al parecer incurable, y se da en todos los estratos sociales y vocacionales. Lo más grave es no haber sabido discernir quiénes la padecían, e impedir su ingreso en órdenes, congregaciones y sacerdocio. En el pasado lejano, no pocos buscaban ocultar sus taras sexuales ingresando, o siendo ingresados casi por la fuerza, en instituciones eclesiásticas, especialmente si provenían de la burguesía “bien pensante”. Probablemente, quienes ingresaban con ese tremendo handicap pensaban que una vida de reclusión o cuasi reclusión, espiritualidad, oración y vida comunitaria y servicio pastoral los curaría. La vida religiosa era vista como un refugio.

No ha sido así en el pasado y tampoco en el presente. Tal vez uno(a) que otro pudo superarlo.

Hoy se impone una estricta investigación sicológica y sociológica, amén de las condiciones vocacionales, a quien ingrese en el servicio de la Iglesia. Una vocación no se define por la psicología, pero esta ciencia ayuda a discernir entre los motivos verdaderos y los que ocultarían algo turbio.

Además, en no pocos casos se pensaba que la gracia divina podía enderezarlo todo. Pero, como dice el aforismo teológico, la Gracia no suple a la naturaleza. Para ser ministro consagrado se requiere normalidad sico-sexual, precisamente para asumir el celibato por amor a Cristo y por el servicio a la Iglesia.

¿Por qué se ocultó? Como ha dicho el Papa, porque al tener en tan alto prestigio a la Iglesia y al sacerdocio, parecía mejor negarlo u ocultarlo, haciendo traslados y cambiando destinaciones. Se desconocía las sanciones canónicas que condenaban tal delito como las inconsecuencias celibatarias. Además se burlaba la ley, al no denunciar el crimen. Benedicto XVI lo ha dicho claramente: quien ha cometido tal crimen debe pagar, arrepentirse ante Dios, la Iglesia y las víctimas, y hacer penitencia. Por cierto debe ser marginado del sacerdocio.

Pedido perdón a las víctimas y establecidas las reparaciones, se ha de tener también un corazón misericordioso con el victimario y pecador. Dios no niega su perdón a nadie, por gravísimo que sea su pecado.

¿Es causa de ello el celibato? No. Pedofilia se da entre laicos solteros o casados mayoritariamente, y no sólo ni exclusivamente en la Iglesia Católica o en otras iglesias.

Ahora, dejada aparte la campaña mundial en contra del catolicismo, que ataca el celibato, no cabe duda de que la Iglesia debe replanteárselo, no para abolirlo, sino tal vez para que, como fue en los primeros siglos, sea un camino optativo de imitación de Jesucristo y de servicio pleno. Ya en el Vaticano II los padres conciliares trataron el tema, pero Pablo VI decidió tratarlo sólo él. Surgió una encíclica sobre el celibato.

El celibato se fue imponiendo en la Iglesia latina, en gran parte, por una imitación de la vida monástica, célibe en imitación de Cristo. Hasta el siglo VI hubo Papas que fueron casados, y aun obispos hasta el siglo VII y VIII. Fue la Reforma Gregoriana (siglo XI) la que buscó imponer el celibato en Occidente y se llegó hasta el Concilio de Trento (siglo XVI) en esa campaña mística, espiritual y canónica. ¿Se podría otorgar el sacerdocio a hombres casados? Sin duda. Lo ha hecho últimamente Benedicto XVI a los anglicanos que pasaron al catolicismo. Exigiría un cambio jurídico y mental en el catolicismo. El celibato es una ordenanza canónica en la Iglesia, y altamente valorada por ella por lo que implica un seguimiento de Jesucristo y un servicio a la Iglesia, pero no es condición esencial para ser sacerdote.

Pero vincular el celibato a la pedofilia es un error y una necedad.

El valor del celibato no es comprendido por un mundo híper sexualizado.

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Doña María Manuela Kirkpatrick, condesa de Montijo, acudía a todos los actos sociales que se celebraban con el propósito de ‘colocar’ a sus hijas Francisca y Eugenia.

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El 30 de enero de 1853, él ya convertido en Emperador de los franceses, Napoleón III y la bella española se casaron en la catedral de Notre Dame.

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