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RICHARD YATES Y LOS ESCOMBROS DE SU PROPIA FAMILIA

RICHARD YATES Y LOS ESCOMBROS DE SU PROPIA FAMILIA

RICHARD YATES Y LOS ESCOMBROS DE SU PROPIA FAMILIA
abril 01

RICHARD YATES Y LOS ESCOMBROS DE SU PROPIA FAMILIA

Nueva imagenEn 1986, en medio de borracheras que terminaban en el hospital, Yates publicó su última novela, Cold Spring Harbor. Por primera vez en Chile, el libro retrata las frustraciones de dos familias en los suburbios. El más amargo de los libros del autor de Vía Revolucionaria también tiene un trasfondo autobiográfico.

Por esos días, Richard Yates (1926-1992) entraba y salía de hospitales psiquiátricos. Tenía 60 años y ya no iba a parar de beber. Tampoco paraba de escribir. Después de un par de semanas lúcido y trabajando, a mediados de 1986 envió a su agente el manuscrito de Cold Spring Harbor. «Una pequeña novela», le diría a un amigo. Sería la última. Otra tragedia en los suburbios: la historia de dos familias que combinan sus frustraciones y avanzan sostenidamente hacia el fracaso. Sin ninguna concesión sentimental, Yates terminaba de concretar un proyecto en el que trabajaba desde Vía Revolucionaria (1961), su primera novela: «Los personajes deben encantar y repeler, al diablo con la compasión de los lectores».

Deliberadamente autobiográfica, en Cold Spring Harbor perfila los tormentos de su familia. La novela fue publicada el año pasado en España y ahora está disponible en Chile. Es otro capítulo en el redescubrimiento de un autor que, según Kurt Vonnegut, tenía una «desgarradora honestidad para inventariar la mediocridad de la clase media». Ensombrecido por autores del peso de John Cheever y John Updike, Yates apenas vislumbró la fama a inicios de los 60 con Vía Revolucionaria. En adelante, daría tumbos entre la escritura, el alcohol, los cigarrillos y varios episodios de locura.

SIN SENTIMENTALISMOS

Ambientada en un pueblo cercano de Nueva York -justamente Cold Spring Harbor- en la década del 40, la novela retrata a las familias Shepard y Drake a través del matrimonio de sus hijos mayores, Evan y Gloria, respectivamente. Más inclemente que con la familia de Las hermanas Grimes, en Cold Spring Harbor Yates se fija minuciosamente en la fragilidad y patetismo de personajes destinados a presenciar el fin de sus vidas como si fuera una colección de sueños rotos.

Por el lado de los Shepard, hay una esposa que vive encerrada a causa de constantes ataques de nervios, mientras su esposo, Charles, mantiene a la familia con un pequeña pensión militar; es un capitán del Ejército retirado, sin ninguna historia heroica que contar y demasiada rutina de oficina. Su hijo, Evan, echó por la borda un futuro prometedor, acostumbrándose a trabajar en una fábrica y con un matrimonio mediocre con Rachel Drake.

En los Drake, el padre es alcohólico. La madre, Gloria, una pobre soñadora, incapaz de mantener un trabajo, que ha ido y venido por ciudades de EEUU buscando asentarse. Sus hijos, Rachel y Phil, van encaminados a repetir el molde: «Ambos tenían un aspecto tan frágil como su madre, cosa que parecía presagiar que en esa familia nadie llegaría a ser fuerte», anota Yates, y en lo que sigue de Cold Spring Harbor se dedica a detallar una serie de pequeños y enormes problemas que hacen que el día a día de los Shepard y los Drake se vuelva cada vez más insoportable.

Como cuenta Blake Bailey en su biografía de Yates, A tragic honesty, la novela tiene un fuerte componente autobiográfico. Los Drake son los Yates. La patética Gloria Drake es la madre del escritor, y sus hijos son Richard y su hermana. De ahí, que el tono del autor resulte aún más implacable: «Nunca serían fuertes, ni el chico ni la chica», se lee en la novela. No era falso. La hermana del novelista fue alcohólica y su marido la golpeaba. Yates viviría siempre al borde del infierno. De hecho, algunas partes de Cold Spring Harbor fueron escritas en un hospital de Boston, donde Yates fue llevado por la policía tras un episodio alucinatorio a causa de varios días de whiksy. A mediados de los 80, en sus momentos de sobriedad, se aferraba a la literatura. Su plan era «eliminar todo sentimentalismo y que los personajes se odien y se amen tal como lo hacen las personas reales».■■■■■

Roberto Careaga C.

“La Tercera”

01/04/2010

Cold Spring Harbor

Richard Yates

RBA Libros: 205 páginas

$24.700.- en librería Metales Pesados.

18 euros en www.fnac.es

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.