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ENSEÑANZA PÚBLICA NO UNIFORMADA

ENSEÑANZA PÚBLICA NO UNIFORMADA

ENSEÑANZA PÚBLICA NO UNIFORMADA
marzo 11

ENSEÑANZA PÚBLICA NO UNIFORMADA

Nueva imagenNo es verdad que el uniforme haya sido desterrado de la enseñanza pública. Pero no lo llevan los alumnos, sino las escuelas. Y si la única manera de encontrar variedad es pasar al sector privado, la posibilidad de optar entre distintos estilos educativos queda fuera del alcance de mucha gente. En Estados Unidos se está rompiendo la uniformidad, de modo que se amplía poco a poco la libertad de elegir colegio dentro de la red pública gratuita.

Elegir escuela nunca ha sido una gran dificultad para las familias acomodadas. Pero una de condición modesta puede quedar atrapada en un centro público que no le gusta o que va mal. De hecho, en Estados Unidos los planes surgidos desde finales del pasado siglo para dar posibilidad de elección en la enseñanza pública no son de alcance general. Todos están limitados a los alumnos de escasos recursos que desean escapar de escuelas públicas deficientes. Son, principalmente, unos cuantos programas de cheque escolar y las mucho más extendidas charter schools, que aunque públicas y gratuitas, tienen autonomía para aplicar sus propios métodos y crear su propio ambiente (no para seleccionar sus alumnos). Ambas fórmulas son bastante populares entre la gente que puede optar a ellas.

También son combatidas. La mayor oposición viene de los sindicatos de profesores, porque permitir que salgan estudiantes de las escuelas públicas ordinarias supone menos puestos de trabajo cubiertos por convenio colectivo. En los centros privados que se pueden pagar con cheque escolar y en las charter schools, la jornada suele ser más larga, la dirección tiene más libertad para seleccionar el personal docente y el salario depende más de los resultados y menos de la antigüedad.

El Partido Demócrata, tradicionalmente muy identificado con los sindicatos, antes de Obama no apoyaba del todo las charter schools, y todavía tiende a considerar anatema el cheque escolar: lo ve como una causa republicana y radicalmente conservadora. Pero en este caso no se trata de implantar las ideas de Milton Friedman, sino de ofrecer una salida a gente que no recibe buenos servicios educativos. Por eso, donde se ha propuesto y, sobre todo, se ha podido experimentar la libertad de elegir escuela, ha aparecido una fisura entre el Partido Demócrata y parte de sus bases.

DEMÓCRATAS SE SUMAN A LA CAUSA

Pero la situación está cambiando, y el cheque escolar empieza a recibir apoyo desde ambos lados del espectro político, como subraya el anterior número de “Education Week” (3-03-2010). En Florida hay parlamentarios estatales republicanos y demócratas a favor de reforzar un plan de cheque escolar ideado por la administración del anterior gobernador Jeb Bush. Lo pagan entidades privadas, que a cambio reciben del estado un descuento en sus impuestos por la misma cantidad que aportan. (En Florida se aprobaron además dos tipos de cheque escolar sufragado con fondos públicos: uno, solo para estudiantes discapacitados, existe aún; el otro, para los alumnos de escuelas públicas deficientes, fue declarado inconstitucional.

En su día, los demócratas votaron contra el cheque, pero ahora hay varios que apoyan la propuesta de ampliarlo. Les han persuadido a cambiar de postura sus votantes que son beneficiarios del programa. De las familias que tienen hijos en escuelas privadas de su elección gracias al cheque, el 40% son negras, el 25% hispanas, todas pobres y en general más próximas a los demócratas que a los republicanos. En este curso los estudiantes con cheque son unos 25.000; el 80% lo usan en colegios privados de inspiración religiosa.

La reforma en preparación aumentaría el importe del cheque, actualmente 3.950 dólares, al 80% del gasto estatal por alumno de escuela pública, que este año asciende a 6.800 dólares. Además, se exigirían nuevas condiciones a las escuelas privadas que participan en el programa: la que tenga 30 o más alumnos con cheque, tendrá que publicar las notas que obtengan en los exámenes estatales.

TAMBIÉN LOS POBRES QUIEREN ELEGIR

Una medida similar se ha propuesto en Illinois: ofrecer cheques, para un máximo de 42.000 alumnos, pertenecientes a las peores escuelas públicas de Chicago. El promotor es un senador demócrata del estado, James Meeks, pastor baptista de raza negra. En esto se aparta de la línea oficial de su partido, pero escucha a sus votantes.

También allí las escuelas más conflictivas y con peores resultados son las públicas de los barrios degradados, donde se concentra la población negra. Como señala el mismo Meeks, de cada 100 alumnos de centros públicos de Chicago solo 8 obtienen después un título universitario. El Partido Demócrata argumenta que la solución es reforzar las escuelas públicas, pero Meeks ha acabado por cansarse de reclamar más fondos, siempre en vano. El estado no tiene el dinero necesario, ahora menos que nunca, y los padres no pueden “esperar diez años hasta que los demócratas financien las escuelas”, dice Meeks. Sabe que su proyecto tiene enemigos en su partido, pero confía —dice— en que “a los demócratas no les será fácil decir a los padres: No, no os vamos a dar posibilidad de elegir; vuestros hijos están atrapados en esas escuelas fallidas” (The Wall Street Journal, 23-02-2010).

Otro estado donde se podría aprobar un cheque como el de Florida es Nueva Jersey. Al igual que Illinois, no es a primera vista un escenario favorable, por la fuerte implantación de los sindicatos y del Partido Demócrata, que tiene la mayoría en el parlamento estatal. Pero el nuevo gobernador, el republicano Chris Christie, ganó las elecciones a su predecesor demócrata con un programa en el que estaba incluido el cheque escolar. Los que entre las filas demócratas —parlamentarios y militantes— están a favor del cheque tienen ahora más fácil defender su plan.

RETROCESOS Y FRENOS

En cambio, la ciudad de Washington, donde ya funciona el cheque escolar, se quedará sin él. Pese al apoyo de los demócratas del lugar, los del Capitolio han decidido no renovar el programa, y son ellos los que hacen las leyes del Distrito de Columbia, porque no es un estado. No se darán nuevos cheques y el plan se extinguirá cuando se hayan graduado los beneficiarios que quedan, unos 1.300.

Según dice a Education Week Kevin Chavous, del Center for Education Reform, para los demócratas eliminar el cheque escolar en Washington es una forma de contentar a los sindicatos pagando un bajo coste político (los residentes de la capital no tienen derecho de voto en las elecciones al Congreso). “Han insistido tanto en cosas como el pago en función de los resultados, la evaluación de profesores y las charter schools, que han creído, en mi opinión, que debían hacer esta pequeña concesión política a los sindicatos de profesores”.

En efecto, el gobierno federal quiere impulsar esas medidas para subir el nivel de la enseñanza. El secretario de Educación, Arne Duncan, no es partidario del cheque escolar porque, dice, solo beneficia a una pequeña minoría. En cambio, su plan de estímulo educativo incita a los estados a ampliar la oferta de charter schools con la promesa de dinero fresco.

Pero haber dado una satisfacción a los sindicatos quitando el cheque en Washington no significa que hayan abandonado su oposición a las charter schools, y en algunos casos están frenando los planes de Duncan. En Nueva York, el sindicato mayoritario de profesores de la enseñanza pública ha logrado bloquear el levantamiento del tope vigente para el número de charter schools. Esto implica que el estado pasa a la cola de los aspirantes al dinero del nuevo fondo federal llamado “Race to the Top”. En Washington, el sindicato del lugar ha rehusado firmar la candidatura del Distrito al dinero federal porque no quiere que se adopte un sistema de evaluar a los profesores según las notas de sus alumnos, condición exigida por el Departamento de Educación para optar al dinero de “Race to the Top”. Son dos casos que menciona The Washington Post (1-02-2010) en un editorial crítico con los sindicatos.

LA CALIDAD DE LAS “CHARTER SCHOOLS”

Si no entre los sindicalistas, las charter schools son populares entre los padres porque las consideran mejores que los centros públicos que les vienen asignados. Y en efecto, la mayoría de los estudios realizados hasta ahora les dan la razón, aunque no todos los especialistas están tan seguros.

El año pasado se publicó una investigación sobre las charter schools de la ciudad de Nueva York que les atribuía mejores resultados que a las públicas convencionales comparables, y otro sobre las de 16 estados que concluía lo contrario. Para intentar aclarar la divergencia, la institución que realizó la segunda investigación —el CREDO, de la Universidad de Stanford— aplicó su mismo método a las charter schools de Nueva York; esta vez le salió un balance positivo. Los alumnos de 4º (9-10 años) de las charter aventajan a los de las escuelas públicas convencionales en una media de 2 puntos en lectura y en 5 puntos en matemáticas. Tienen más éxito con los negros y los hispanos, pero no con los que no tienen el inglés como lengua materna ni con los repetidores (cfr. Education Week, 20-01-2010).

Margaret Raymond, directora de CREDO, explica la diferencia precisando que también el estudio anterior encontró muchas charter schools con mejores resultados, pero la media era más baja, mientras que las de Nueva York tienen en general un nivel más alto. En su opinión, esto se debe a que en Nueva York tienen más experiencia con las charter, se les ponen requisitos más exigentes, hay más organizaciones preparadas para dirigirlas.

LIBERAR ENERGÍAS

Si así es, algo parecido debe de pasar en Boston, donde investigadores del MIT y de las universidades de Duke, Harvard y Michigan también concluyeron que en las charter schools los alumnos progresan más que en los centros públicos normales y que en las escuelas piloto, dirigidas por el sindicato de profesores. El estudio, financiado y publicado por la Boston Foundation, destaca entre otras cosas que en las charter los alumnos negros reducen mucho su desventaja con respecto a los blancos.

En fin, la fórmula charter parece liberar iniciativas y energías que están impedidas en muchas escuelas públicas convencionales; pero el éxito depende también de otros factores, dice a Education Week Jeffrey Henig, profesor de la Universidad de Columbia. Se espera que otro estudio, actualmente en elaboración, ilumine este asunto. Se está realizando en Newark (Nueva Jersey), ciudad que reúne varias condiciones propicias: hay muchas charter schools, que suman casi uno de cada diez alumnos de la red pública; son muy variadas, pues están dirigidas por una docena de organizaciones distintas; como tienen más demanda que oferta, las plazas se adjudican por sorteo, lo que hace a los alumnos comparables con los que no consiguieron plaza (cfr. The Economist, 13-06-2009).

Veremos. De todas formas, no todas las charter schools pueden ser mejores, ni todos los colegios públicos convencionales son tan malos. Lo principal es que la fórmula introduce en la enseñanza pública una diversidad de modelos y, en consecuencia, una libertad de elegir que antes era desconocida en Estados Unidos —y sigue siéndolo en muchos otros países—.

OTRAS FORMAS DE SER ESCUELA CATÓLICA

La fórmula charter puede ser una salida para las escuelas católicas en apuros. Los colegios de la Iglesia son desde hace mucho tiempo la segunda red escolar más importante de Estados Unidos, después de la pública. Pero tras su apogeo hacia los años sesenta han quedado reducidas a la mitad. El año pasado 162 desaparecieron por cierre o fusión con otras, y solo se abrieron 31 nuevas. La crisis se debe a que las diócesis e instituciones católicas ya no cuentan con tanto personal ni tantos recursos para sostenerlas, y a que en los centros de las ciudades, donde se pusieron la mayoría, predominan ahora las familias de recursos modestos.

Se están ensayando distintas fórmulas para salvar las escuelas católicas, para que sigan ofreciendo su aportación característica sin que se conviertan en un lujo reservado a la gente de clase media o superior. Una es hacerlas gratuitas y financiarlas con un “diezmo” especial que dan los fieles, como se ha hecho en Wichita (Kansas). Otra, aplicada en Washington, es convertir las deficitarias en charter schools; un reportaje del Washington Post (28-01-2010) cuenta cómo les va en su segundo curso con el nuevo estatuto.

En 2008, la archidiócesis de la capital aplicó este remedio a siete escuelas, de las que una tuvo que cerrar luego pese a todo. Esto supuso que dejaran de ser confesionales, con lo que desaparecía el impedimento para que se financiaran con fondos públicos. Así, ya no hay crucifijos colgados de las paredes ni asignatura de religión dentro del plan de estudios. Pero siguen siendo como antes en otros muchos aspectos, por ejemplo los uniformes o la formación moral. El cambio más notable es que tienen más medios. Así, Trinidad Campus (antes Holy Name School) costaba 4.500 dólares al año y apenas se sostenía cuando era católica; ahora es gratuita y recibe del ayuntamiento entre 8.800 y 11.400 dólares anuales por alumno, lo que ha permitido contratar más profesores, asegurar el mantenimiento del edificio, nutrir la biblioteca.

En el paso a charter schools, las antiguas escuelas católicas perdieron centenares de alumnos de familias disconformes con el cambio; pero ganaron otras, en número mayor, que antes habrían inscrito a sus hijos si hubieran podido permitírselo. Alumnos que han permanecido dicen al Washington Post que, en el fondo, no notan un gran cambio, ni en el ambiente de la escuela ni en la orientación de la enseñanza.

Una solución más reciente es que las escuelas católicas no sean propiedad de la Iglesia, como explica William McGurn en The Wall Street Journal (1-02-2010). La idea ha sido aplicada en California por iniciativa del empresario Tim Busch, con la colaboración de otros católicos. Entre todos constituyeron una entidad civil, buscaron la financiación y montaron dos escuelas. Ellos mismos las gestionan y dirigen, y dejan que la diócesis se encargue de garantizar que la enseñanza es católica. Las dos escuelas son caras, pero gracias a unas finanzas bien llevadas, uno de cada diez alumnos está becado. Para poder ofrecer ayudas económicas a más familias, el próximo objetivo es constituir una fundación.■■■■■

Rafael Serrano

Aceprensa

10/03/2010

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