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ATENCIÓN, SEÑORES ACADÉMICOS

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lilliamLos asistentes al V Congreso de la Lengua Española convocado en Valparaíso, según la periodista Lillian Calm, llegan “a un país en que no se habla la lengua española, porque no es que no se hable. Es que no se quiere hablar”.

Me aterra que el V Congreso Internacional de la Lengua Española se realice en estos días en Valparaíso. Bien por Chile, bien por Valparaíso, bien por el tan mentado Bicentenario, pero con tal que los conspicuos visitantes se queden encerrados en sesudas sesiones de trabajo y no salgan nunca a ver las maravillas del puerto o a comer las bondades de nuestro mar o a seguir algunos de los pasos que dio Neruda.

Y no es por temor de que caigan en la cuenta —y en esto muchos me podrán rebatir, pero soy porfiada y me mantengo en mis casillas— de que han llegado a un país en que no se habla la lengua española, porque no es que no se hable. Es que no se quiere hablar.

Así, me da susto que los conspicuos, que persiguen, me imagino, al igual que sus antecesores, limpiar, fijar y dar esplendor al idioma, lleguen de regreso a sus puntos de origen, después de haber pasado unos días en Chile, utilizando para todo el won, won, won del que se hayan imbuido en estos días, recurriendo sólo a muletillas y, para todo, también a otras palabras de mucho más grueso calibre.

Bastará, pienso, que nuestros distinguidos visitantes caminen apenas un cuarto de cuadra para que se devuelvan a revisar el diccionario y verificar, en el mejor de los casos, qué significa ese won, u ón, ón (perdón, es monosílabo pero lo acentuamos), y procuren además tratar de comprender frases no terminadas que no se sabe si son pronunciadas en tagalo o en congolés.

Ón y sus derivados, les adelantamos antes de que lleguen, son sinónimo de absolutamente todo. Lo han llegado a usar incluso los hombres al conversar con las mujeres, y las mujeres entre ellas y con ellos. Más que en otras latitudes, es también en la calle —al menos ahí los oímos sin querer o queriendo— donde los chilenos desatan toda su verborrea hormonal, que por lo visto es fecunda. Muchas son palabras que están aceptadas, pero no por ello estos señores académicos las deben haber oído utilizarse con tanta frecuencia en un idioma coloquial.

Hace unos domingos, en uno de sus inigualables artículos semanales, el columnista Pardiez escribía en “El Mercurio” sobre este Congreso bajo el título “El idioma de Dios”. Recordaba que Carlos V aprendió el castellano sólo a los 20 años para asumir los reinos de España. Y, según dicen las crónicas, al preguntársele cuál era su idioma favorito, respondió que para el comercio, el inglés; para la milicia, el alemán; para el amor, el francés, y para hablar con Dios, el español.

Espero que estos académicos para intercambiar ideas con los chilenos puedan recurrir también al idioma de Dios. Que en la calle o donde sea, sus interlocutores dejen de hablar ese creol propio que nos está caracterizando y que para algunos hasta enriquece y le da vida al idioma (bkn, cachai, filo, mino, mina, caleta, cuico, chano, won y una larga retahíla).

Este CILE (Congresos Internacionales de la Lengua Española) que se ha organizado este año en Chile encuentra a la Real Academia Española dirigida por  Víctor García de la Concha,           quien posee pergaminos de sobra para el cargo. Pero además de filólogo es un eximio diplomático. Y diplomático no de esos que se dedican profesionalmente a las relaciones internacionales, sino en su acepción de hábil y sagaz.

Así cuando en una reciente entrevista, también en “El Mercurio”, la periodista le hizo ver que en Chile maltratamos el idioma, respondió —estoy segura— diplomáticamente: “Pensar así me parece un error. No hay países donde se hable mejor y otros donde se hable peor. Hay países donde hay una gran tradición de cuidar el idioma, como es Colombia, con la tradición de (Andrés) Bello (…) Cada modalidad tiene su propia norma. Lo que halláis estimado correcto para Chile, es correcto para Chile”.

Me queda una sola duda: ese Andrés Bello, ¿no es el mismo que se radicó temporalmente en Chile o será un homónimo? ¿Por qué Colombia y no nosotros?■■■■■

Lillian Calm
Temas.cl
25/02/2010

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Paseaban por el campus de la Universidad de Princeton el matemático Oswald Veblen y el periodista del Manchester Guardian J. G. Crowther.

– Allí viene Einstein, debe Ud. conocerle, dijo el matemático.

Se acercaron y Veblen lo presentó como “el corresponsal científico del Manchester Guardian”. Einstein se inclinó y dijo:

– El Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo.

Cuando el periodista regresó a Londres, uno de los ejecutivos del diario le preguntó si había oído ciertos rumores sobre Einstein.

– ¿Qué rumores?

– Corre el rumor en Fleet Street de que se ha vuelto loco.

– Si es así – dijo Crowther – es una desgracia para el Manchester Guardian.

– ¿Qué quiere decir?

– Le conocí hace poco y me dijo “el Manchester Guardian es el mejor periódico del mundo”.

– ¡Oh!, - contestó el ejecutivo- es evidente que nuestra información es incorrecta.

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