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CHILE, 20 AÑOS DESPUÉS

CHILE, 20 AÑOS DESPUÉS

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CHILE, 20 AÑOS DESPUÉS

exministro Escribe el ex ministro de Hacienda Hernán Büchi: “El punto más controversial es entender por qué el progreso perdió dinamismo. Conociendo la causa podremos revertirlo. Hay opiniones diversas, aunque estimo que la clave está en la tensión dentro de la Concertación, aceptando por un lado la apertura económica y el mercado, y desconfiando por el otro de los que emprenden y crean riqueza”.

Hace 20 años se produjo la transición de un Gobierno Militar, nacido de un quiebre institucional, a un Gobierno elegido democráticamente. La voluntad y compromiso de ganadores y perdedores lo convirtió en un proceso exitoso. La Concertación ha gobernado por 20 años y hoy, por primera vez, se produce la alternancia en el poder, elemento básico de una verdadera democracia y por lo tanto la transición definitiva a la normalidad. Se requerirá de nuevo de ganadores y perdedores para tener éxito. La palabra la tiene la Concertación pues el Presidente electo ha mostrado claramente su deseo integrador.

En los últimos 20 años el país ha avanzado mucho. Desde 1985, el crecimiento ha sido sin parangón, aunque con tendencia decreciente. Hasta 1996 se creció al 7,9%, los siguientes 10 años a 3,9% y durante el último Gobierno de la Concertación a sólo 2,7%.

Es parte esencial de la estabilidad de las políticas públicas que muchos se consideren partícipes de los éxitos y gestores del progreso. Los gobernantes salientes están expresando su orgullo por lo hecho y ello es positivo. Pero también es necesario, para seguir avanzando, tener un diagnóstico certero de lo sucedido.

Nuestro progreso tiene, al menos, dos ingredientes. Por un lado, los cambios institucionales profundos que se realizaron previo a los 90 y que permitieron crear las condiciones y las instituciones públicas y privadas necesarias para avanzar. Por otro lado, la Concertación que hizo suyos dichos cambios integrándolos en un proceso democrático.

Pero el punto más controversial es entender por qué el progreso perdió dinamismo. Conociendo la causa podremos revertirlo. Hay opiniones diversas, aunque estimo que la clave está en la tensión dentro de la Concertación, aceptando por un lado la apertura económica y el mercado, y desconfiando por el otro de los que emprenden y crean riqueza. Lo decíamos hace poco, paulatinamente han transformado en sospechoso a todo el que emplea, innova o invierte. Este es el proceso que el veredicto de las urnas permite revertir, abriendo de nuevo paso al esfuerzo y a la creatividad de los chilenos.

Sin embargo, el propósito final del crecimiento es el bienestar y una mejor calidad de vida, especialmente de los más modestos. En estas materias hemos avanzado por ya varias décadas aunque también aquí la velocidad del progreso ha disminuido. Es valioso que la Concertación se enorgullezca de los avances, pero no que se crea detentora del monopolio del progreso social. El diagnóstico básico y el diseño y ejecución de políticas públicas sociales que complementando el crecimiento ayudaron a los más pobres, tuvieron su origen antes de los 90.

EL MAPA SOCIAL

Un mejor conocimiento de su situación, se inicia con el Mapa de la Extrema Pobreza a mediados de los 70. Allí quedó claro y cuantificado cómo políticas bien intencionadas les ayudaban poco. Por ejemplo, un 40% de los niños más pobres no asistían a la escuela pese a ser gratuita.

Se diseñaron estrategias para hacer más efectivo el apoyo a los humildes, con énfasis en la formación de capital humano y la ayuda a los ya sin esperanzas. El combate a la desnutrición infantil, el acceso a agua potable y la asistencia efectiva a las escuelas destacan entre muchos programas revolucionarios. La Concertación supo mantenerlos y potenciarlos, pero el deterioro en el crecimiento y las dificultades para crear empleo han dañado a los más necesitados.

Más aún, debido a su visión ideológica, se han deslizado por el camino de crear cada vez más programas en base a dádivas por supuestos derechos, que desenfocan al Gobierno y su capacidad de gasto.

Avanzaron por el camino del llamado Estado Benefactor, que comprobadamente con su burocracia y distorsión de incentivos, perjudica el progreso y termina dejando atrás a los menos afortunados.

El voto del 17 de enero por la alternancia, da una oportunidad para cambiar nuevamente el énfasis, entregando protección, pero ayudando a crear capacidades y generando oportunidades para desarrollarlas.

Sólo así será posible que los más pobres alcancen el bienestar y se sientan orgullosos de haberlo hecho.■■■■■

Hernán Büchi

Ex ministro de Hacienda

“El Mercurio”

09/02/2010.

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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