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SOLO LOS HAITIANOS NO OLVIDARÁN

SOLO LOS HAITIANOS NO OLVIDARÁN

SOLO LOS HAITIANOS NO OLVIDARÁN

SOLO LOS HAITIANOS NO OLVIDARÁN

haitiEscribe la periodista Lilian Calm: “El quid para Haití de cara al mundo es ser noticia.  Dominar la actualidad. Porque cuando las informaciones se agotan, cuando el lector o el televidente ya se salta páginas o cambia de canal, cuando la noticia deja de ser noticia y el terremoto de Haití pasa a ser historia, es entonces cuando la catástrofe se convierte realmente en verdadera catástrofe”.

¿Para quién es más importante la visita de Bachelet a Haití? ¿Para Haití o para Bachelet?

No hay que lucubrar mucho antes de responder “para Bachelet”, por mucho rango que le confiera Naciones Unidas. Porque son ya demasiados los mandamases que desde diferentes países y organismos han llegado a Puerto Príncipe. De Chile hay varios que han partido en una misión de envergadura (al menos es lo que uno cree), pero cuando menos se piensa ya están de regreso. ¡Si algunos estaban de vuelta incluso antes de las elecciones del ya pretérito 17! ¡Cómo si fueran para la pura foto!

Y así un Ban Ki-moon, una Hillary y muchos más han viajado a esa nación desmoronada, aunque los hay que ni siquiera han salido del aeropuerto. En estricto rigor han viajado para pisar no Haití, sino el aeropuerto haitiano, circunstancia tan disímil a la hazaña de nuestros avezados y  poco reconocidos bomberos chilenos.

Pero tal vez sea muy importante que, así y todo, prohombres (promujeres en el caso de Hillary y Bachelet) viajen en misiones, aunque éstas sean apenas fugaces. La de Bachelet, aparentemente, será una escala rumbo a la Cumbre de Río, que comienza el 22 de febrero en Cancún.

Es importante porque la memoria del ser humano es fragilísima. Y en un santiamén ya nadie se va a acordar de Haití (por más que la comunidad internacional, reunida en Montreal, se comprometa a una amplia línea de ayuda, y lo mismo se sostenga desde el Foro Económico Mundial en Davos), así como ya nadie se acuerda de los últimos terremotos que sacudieron China o el Perú.

Se sucederá en alguna otra latitud un nuevo terremoto  —de tierra o político o económico o social o quizás de qué— y adiós Haití. Entonces ese país azotado pero mágico se quedará tal vez como petrificado en un momento histórico de su existencia: el paso de las retroexcavadoras por las ruinas de lo que realmente fue.

¿Desesperanza? No. Por el contrario. Mantengamos la esperanza de que esta vez, por arte de birlibirloque, las reuniones internacionales programadas para sacar a Haití adelante (concertadas en países desarrollados, en lugares confortables y con menús nada de desechables) se traduzcan en ayuda concreta, tangible, efectiva, que no sólo sirva deplataforma (siempre hay excepciones) para quienes se desplazan a debatir el futuro de una nación de la que nunca se han preocupado demasiado. Y que tampoco los donantes se vanaglorien cacareando cuánta agua potable han logrado distribuir entre la población.

Es como si los países parias quedaran fuera de la globalización de la que tanto se habla, porque no dan ni siquiera para la letra “g” minúscula si los comparamos con el G-20 o, menos aún, con el G-8, grupo de naciones industrializadas que incluye a Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Reino Unido y Rusia.

De todo lo dicho y escrito, al menos de lo que he leído, desgraciadamente lo que más me hace sentido es el comienzo de la columna del analista internacional Andrés Oppenheimer publicada en “El Mercurio”:

“Considerando la magnitud de la tragedia de Haití, lo que la comunidad internacional ha ofrecido hasta el momento son migajas”.

Sí. Hay iniciativas gubernamentales, institucionales, grupales. Quizás jóvenes idealistas proseguirán con sus tareas programadas, ¿pero qué es eso al lado de un país que se derrumbó como un mazo de naipes? Cito una última frase de Oppenheimer, que no tiene nada que ver con el calentamiento global del que hablan tanto sesudos gurús, sino más bien con el enfriamiento global que, producto del relativismo, del individualismo, del materialismo y de tantos “ismos”, estamos viviendo en el mundo de hoy:

“… entre los diplomáticos y expertos internacionales con los que hablé durante la semana noté ansiedad. Muchos temen que, cuando la catástrofe deje de ser noticia, el mundo le dará las espaldas a Haití, porque se trata de un país de poca importancia diplomática o estratégica”.

Es tal su poca importancia que algunos por ahí, ignorando cualquier labor humanitaria, han llegado al extremo de poner en jaque al militante del Partido Socialista, Juan Gabriel Valdés, por aceptar continuar siendo el delegado presidencial en ese país después de que asuma Sebastián Piñera.

El quid para Haití de cara al mundo es ser noticia.  Dominar la actualidad. Porque cuando las informaciones se agotan, cuando el lector o el televidente ya se salta páginas o cambia de canal, cuando la noticia deja de ser noticia y el terremoto de Haití pasa a ser historia, es entonces cuando la catástrofe se convierte realmente en verdadera catástrofe.

Ya nadie programará viajes para la foto. Ya se agotarán las colectas. Ya se pedirá cambio y fuera.

Entonces sólo los haitianos  recordarán que ahí, en esas fosas comunes, quedaron enterradas personas, cada una de las cuales era irrepetible, con su alma y cuerpo; cada una tenía un nombre, su personalidad, sus creencias, su familia y sus amistades, sus costumbres, sus gustos, sus  alegrías y dolores. Cada una había sido creada expresamente por Dios, a su imagen y semejanza.

Misterio entre los misterios. Pero Haití entonces recuperará, y ojalá no lleguemos a ese extremo, al menos parte de su idiosincrasia: ser el país olvidado que siempre ha sido.■■■■■

Lillian Calm

Temas.cl

04/02/2010

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