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SE VEÍA VENIR

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372_clip_image001“Bastó la tenue crisis internacional de 1998 para que los renovados poco convencidos miraran hacia atrás, generando hasta hoy un crecimiento mediocre. Los dos últimos presidentes socialistas volvieron al dirigismo y al Estado grande, castrador de la actividad privada y la captura de los individuos por la burocracia”. Escribe el economista Javier Fuenzalida A.

¿Por qué la Concertación no percibió el mensaje? Sus dirigentes no captaron el alma de los chilenos del siglo XXI, muy diferente a la de 50 años atrás. El triunfo de Piñera obedece, principalmente, a que su propuesta es congruente con la idiosincrasia nacional detectada por estudios, entre otros, la encuesta Bicentenario U. Católica- Adimark.

La visión de los años 60/70 del Estado benefactor y dictador quedó atrás. El socialismo murió como alternativa a la democracia. En lo económico, la solución cepaliana consistía en un Estado asfixiante que restringía la libertad y la propiedad y que gatilló la crisis de Allende. El sistema creado a partir del ’73 fue acompañado de un radical cambio de espíritu que se consolidó cuando cayó el muro, desapareció la URSS y terminó la guerra fría. La economía de mercado sustentada en la libertad y la propiedad privada y una ingerencia decreciente del Estado en la vida de los ciudadanos avanzó y se hizo más firme aun, cuando volvió la democracia cuya plenitud fue la edad de oro de la economía chilena entre 1985 y 1997, con un crecimiento de 7,5% anual.

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¿Por qué fracasó la Concertación?

Bastó la tenue crisis internacional de 1998 para que los renovados poco convencidos miraran hacia atrás, generando hasta hoy un crecimiento mediocre. Los dos últimos presidentes socialistas volvieron al dirigismo y al Estado grande, castrador de la actividad privada y la captura de los individuos por la burocracia.

Los resultados de la primera y segunda vuelta revelan que el alma chilena del siglo XXI no es la que la Concertación cree. La encuesta Bicentenario descubre que, en materia política, el 70% es partidario de una regionalización con intendentes y autoridades elegidas por votación popular y una mayor autonomía en materia de recursos y sus usos. En materia familiar, el 77% prefiere una familia reducida porque siente un deber invertir en hijos de “calidad” y que a la vez permita el trabajo de la mujer (73%), lo que se alcanza con un mercado laboral flexible. Un 67% se confiesa creyente, católico o evangélico. La mayoría se opone al aborto. Los temas valóricos importan. El 47% piensa que el progreso personal es una responsabilidad individual. El 68% considera que el ingreso personal obedece al propio esfuerzo. El 53% opina que la actividad privada es más eficiente que la pública y que el Estado sólo debe realizar lo que la empresa privada no puede o no le interesa.

El 73% opina que la economía libre es determinante para que los pobres puedan salir de ese estado por medio de su esfuerzo personal y, consecuentemente, el 81% piensa que el sistema permite que una familia modesta pueda llegar al grupo ABC1 o que el 77% cree que una microempresa puede convertirse en una empresa mediana o grande. De igual modo, un 66% opina que la falta de iniciativa o de oportunidad es causa de la pobreza. Cerca del 70% opina que cualquier chileno puede tener una casa propia y que sus hijos llegarán a la universidad.

Se veía venir.■■■■■

Javier Fuenzalida A.
Profesor Universidad Finis Terrae
21/01/2010

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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