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HAITÍ: UNA REFLEXIÓN

HAITÍ: UNA REFLEXIÓN

HAITÍ: UNA REFLEXIÓN
enero 27

HAITÍ: UNA REFLEXIÓN

haitiLa catástrofe de Haití admite, como todos los grandes problemas humanos, diversas lecturas. Queremos aportar a la reflexión personal algunas consideraciones muy concretas dice Forum Libertas en su editorial.

El gran terremoto de Haití presenta unas características específicas además de su terrible impacto geológico. Una de ellas es la de haber tenido su epicentro justo en el área más densamente poblada del país, la capital, que presenta una macrocefalia extraordinaria.

Así mismo, Haití se ha caracterizado por la acumulación de desastres sociales y naturales. Digamos que está “tocado”, mucho más que otros como la zona del gran tsunami, Irán o China, países donde también se han producido grandes terremotos. Pero sin duda la diferencia más específica de todas, es la literal desaparición del Estado, de todo sistema administrativo. Esto, naturalmente, complica ahora las tareas más urgentes y será una rémora para la reconstrucción futura.

Es un tanto decepcionante que el conjunto de los medios de comunicación, sin demasiadas excepciones, sigan centrados después de los primeros días en ofrecer imágenes del desastre, sin presentar al mismo tiempo informaciones sobre el enorme esfuerzo que muchos países y organizaciones privadas y religiosas están llevando a cabo. El resultado es ofrecer una imagen desequilibrada donde solamente predomina lo más trágico. Los medios de comunicación siguen aferrados a la idea de que las desgracias venden, y puede que tengan razón, pero también tienen una responsabilidad social que cubrir. Este es un vicio que causa perjuicios, porque tiende a generar frustración e impotencia en el lector. Algo parecido pero mucho más sistemático sucede con el caso de África, donde se ha olvidado completamente todo lo que va bien, lo que funciona, que es mucho, creando así una imagen irreal de aquel continente cada día donde todo resulta malo y trágico.

Y es que es necesario subrayar la conclusión positiva de cómo la sociedad humana posee una gran sensibilidad para responder a las necesidades trágicas de las grandes catástrofes. Con mayor o menor acierto, pero esto pertenece a la lógica de la organización y la logística, cada vez que ha habido una catástrofe el mundo ha reaccionado en términos muy positivos, cada vez más. Hace solo 50 años sería inimaginable una movilización como la que se está produciendo en el caso de Haití. Existe, en este sentido, un concepto de fraternidad universal, todo lo imperfecto que se quiera, pero suficientemente tangible. En esta evolución, y esto también hay que decirlo, los medios de comunicación han jugado, en este caso sí, un papel positivo.

LA INUTILIDAD DE NACIONES UNIDAS.

Una vez más, y ya son incontables, Naciones Unidas ha mostrado su incapacidad no ya política, sino sobre todo organizativa y administrativa, para hacer frente al problema. Esta organización tan mitificada por algunos es indudablemente un foro político y jurídico necesario para ayudar a mantener la paz a través del diálogo y los medios diplomáticos, pero al mismo tiempo ha desarrollado a lo largo de los años una burocracia carísima que cobra unos salarios y dietas indecentes y que además presenta profundas grietas de corrupción. Sus organismos e instituciones carecen de control y son pasto en manos de los propios funcionarios y de lobbies ideológicos y económicos. Alguien debería ir pensando en refundar esta institución necesaria para que se ciñera a su papel, y dejara de hacer tantas cosas, queremos decir papeles y reuniones internacionales, y se concentrara con capacidad real en las que verdaderamente le conciernen.

LA COMPETENCIA ES BUENA PERO NO SIEMPRE.

La competencia entre ONGs para recabar ayudas e intentar tener una presencia en las catástrofes, incluso entre los Estados —ahora mismo hay un contencioso abierto entre Brasil y EEUU por el uso del aeropuerto— entorpece más que ayuda. Seguramente sería necesario establecer algún protocolo internacional que determinara que un gran país con potencia suficiente, o dos como máximo, lideraran las intervenciones humanitarias de acuerdo con el área geográfica en la que se produce, y que los demás países se dedicaran a contribuir a los servicios de estas potencias actuantes en los términos que determinaran. El caso de Haití es paradigmático en este sentido. Sin un restablecimiento del orden es imposible atender las primeras necesidades. Pero ¿quien es capaz de enviar 10.000 soldados en pocos días perfectamente equipados para esta tarea? Solo EE.UU.

En el caso de las ONGs sucede, salvando las lógicas distancias que las separan de los Estados, algo parecido. El apoyo se debería centrar en aquellas que ya tenían antes de la catástrofe personal adecuado e iniciativas en el territorio afectado. Las ayudas de los ciudadanos deberían concentrarse en éstas y debería ser una obligación de todas ellas informar claramente de quienes tienen medios en el terreno y cuáles y a qué se destinan los recursos.

La catástrofe ha sido terrible y se ha producido una verdadera masacre de vidas humanas, pero para muchos haitianos estas terribles condiciones de vida les han servido para reiterar su esperanza en Dios. Los actos religiosos que se vienen celebrando en una capital destruida, con un gran número de iglesias perdidas, es un ejemplo de la fuerza de la fe, que también debería movernos a reflexión.■■■■■

Forum Libertas
18/01/2010

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