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EL AMANTE DE MRS. ROBINSON

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Se supone a los varones una libido proporcional a su ambición, no sé si con justicia pues en esto del sexo se exagera mucho. Pero sus conquistas amorosas se han incluido en sus carreras casi como victorias electorales. Sin distinción de regímenes ni de ideologías. Mrs. Iris Robinson en Irlanda del Norte ha ajustado cuentas en tan escabroso campo. Escribe José María Carrascal.

Si dejamos a un lado la política —que es mucho dejar en Irlanda del Norte, donde arrastra una estela de muertos— y la moral —algo importante allí y en todas partes—, es decir, si contemplamos el caso como meramente hipotético, Mrs. Iris Robinson sería la última heroína del feminismo, la vengadora de todas las ofensas, humillaciones y ultrajes sufridos por las mujeres a lo largo de la historia a manos de los hombres, muy especialmente de los políticos.

Se supone a estos una libido proporcional a su ambición, no sé si con justicia, pues en esto del sexo se exagera mucho. Pero sus conquistas amorosas se han incluido en sus carreras casi como victorias electorales. Sin distinción de regímenes ni de ideologías. La doble vida familiar de Mussolini puede compararse con la de Mitterrand y la voracidad sexual de los Kennedy, a la de Mao. Últimamente, el campeón erótico es Bill Clinton, que mientras su esposa se esforzaba en devolverlos a la Casa Blanca, él se dedicaba a perseguir jovencitas como en sus mejores tiempos.

Mrs. Iris Robinson ha ajustado cuentas en tan escabroso campo. Parlamentaria y esposa del primer ministro del Ulster, se la estaba pegando con un chico 39 años más joven que ella. Con lo que el desquite era doble: por una parte, advertía que una mujer de 60 años puede tener su propia vida sexual al margen del matrimonio y, por la otra, pagaba con la misma moneda a todos los maridos que engañan a sus esposas, aunque no sabemos si Mr. Peter Robinson pertenece a ellos, y en este sentido estaba pagando por los pecados de otros. Es por lo que hablo sólo de una supuesta «justicia poética», de la que tanto se habla y tan pocas veces ocurre.

Lo malo es que aquí, de poesía, poco, ya que el escándalo se complica con el préstamo que Mrs. Robinson pidió a un grupo inmobiliario para poner un café a su joven amante. Y si su trasgresión sexual puede perdonarse una vez que, como parece, le ha perdonado su marido, cuando aparece dinero por medio, y más de inmobiliarias, hay que saber con exactitud si hubo contrapartida política, que es lo que trata de averiguarse y por lo que el «premier» se ha retirado por seis semanas del cargo. Algo que hace tambalearse un gobierno prendido con alfileres y amenaza una situación como la norirlandesa, donde las pistolas hablan más rápido que las lenguas.

Miren ustedes por dónde la paz del Ulster se ve amenazada por una infidelidad. Que Mrs. Robinson, sin embargo, no es una vengadora feminista, como apuntaba hipotéticamente, lo demuestra que intentó suicidarse a consecuencias de su «affair», que fue como se enteró su esposo. Si todos los maridos infieles se suicidaran, el censo de casados iba a disminuir drásticamente. O sea que, pese a todos los avances, hombres y mujeres seguimos siendo diferentes. Ellas son mejores personas que nosotros. Incluso cuando pecan.■■■■■

José María Carrascal
ABC de Madrid
13/01/2010

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