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MANOSEO AL DÓLAR

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”Si el Banco Central sale a comprar dólares los pagará fabricando dinero.  Bajará la tasa de interés y subirá el dólar, impulsado además por la huída al exterior de capitales de corto plazo, porque ahora las tasas de interés afuera serán más atractivas”. Escribe el economista Javier Fuenzalida A., profesor, Universidad Finis Térrea.

La expansión monetaria en EE.UU. ha inundado el mundo de dólares. La apreciación de nuestro peso frente al dólar es de 4,6% respecto del 2008, menor que la apreciación ocurrida entre el 2003 y 2007 de 24,5%, período en que las exportaciones no cobre aumentaron en 2,2 veces. No se produjo la temida hecatombe.

Cuando ocurren estos hechos, cunde la alarma y se emiten opiniones y proposiciones que empeoran la situación.  Algunos proponen que al Central hay que agregarle más objetivos.  Por ejemplo, con el manejo de la oferta de dinero estabilizar el nivel de precios, impulsar el crecimiento económico, alcanzar el pleno empleo, fijar el tipo de cambio y lograr una balanza de pagos equilibrada. Así eran los objetivos de su ley orgánica de 1953 y de 1978.

Hace ya muchos años, uno de los primeros premios Nobel de economía, el holandés Jan Timbergen, estableció que para garantizar el alcance de un conjunto de metas de política económica se requiere un igual número de herramientas.  No se puede, como un mal carpintero, martillar, aserruchar, atornillar, lijar con sólo un martillo. Posteriormente, otro premio Nobel, Robert Mundell, complementó esta regla agregando que la asignación de políticas eficientes exige el uso de la herramienta que ejerza el mayor efecto. Es decir,  martillo para martillar, atornillador para atornillar, cepillo para lijar y más aún, hay martillos, atornilladores, cepillos de diversas clases para los diversos usos. De ahí que la ley orgánica actual, reconociendo que el Banco Central sólo maneja el circulante, tiene como único objetivo la estabilidad del nivel de precios. Sus últimos presidentes han sido claros al respecto.

Si el Banco Central sale a comprar dólares los pagará fabricando dinero.  Bajará la tasa de interés y subirá el dólar, impulsado además por la huída al exterior de capitales de corto plazo, porque ahora las tasas de interés afuera serán más atractivas. El alza del tipo de cambio no será permanente, porque al incentivar las exportaciones y encarecer las importaciones bajará la presión sobre el dólar, el  que tenderá a volver al nivel inicial.  Sólo costos y un gran revuelo para nada.

Lo anterior podrá no ocurrir si el Banco Central esteriliza la fabricación de dinero vendiendo simultáneamente bonos, retirando así dinero de la circulación, pero ello hará subir la tasa de interés. Esta vez, entrarán capitales de corto plazo deprimiendo el tipo de cambio, contrario a lo que se deseaba.  Además no puede estar permanentemente inundando el mercado con bonos. Las esterilizaciones se usan para operaciones menores y no permanentes. De ahí la resistencia a manejar el dólar.

Finalmente, debe recordarse que el valor relevante es el tipo de cambio real y no el nominal.  El Central puede manosear el último pero no el primero, que lo determina el mercado. El tipo de cambio real hasta septiembre pasado no acusaba variaciones respecto de su valor en junio del 2008, antes de comenzar la recesión.■■■■■

Javier Fuenzalida A.,

Profesor, Universidad Finis Terrae

03/12/2009

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A comienzos de siglo XVIII reinó en Prusia un hombre muy temperamental. Federico Guillermo tenía la costumbre de pasear sin escolta por las calles de Berlín. Cuentan que cuando encontraba alguien que le desagradara, lo que ocurría con frecuencia, no dudaba en golpearlo con su bastón. Por esa razón cuando la gente lo veía a lo lejos, prudentemente huía lo más rápido posible.

En cierta ocasión, como de costumbre, el rey avanzaba golpeando el suelo con su bastón. Un berlinés, tomado por sorpresa, tratando de huir del monarca, se ocultó en un portal. Ahí lo sorprendió Federico Guillermo, y lo increpó de inmediato:

- Eh, tú, ¿A dónde vas?

El pobre hombre, que temblaba de miedo, le indicó con la cabeza una la puerta.

- ¿Vives ahí?, lo interrogó.

El hombre hizo un gesto de negación.

- ¿Es la casa de un amigo tuyo? Volvió a preguntar.

- No, Majestad.

El rey lo miró con sospecha,

-Entonces, ¿por qué entras en ella?

El hombre tuvo miedo de que se le considerara como ladrón, así que confesó:

- Lo hacía para evitar encontrarme con su Majestad. Federico Guillermo lo miró extrañado.

- ¿Y por qué quieres evitarme?

Bajando la vista, decidió decirle la verdad:

- Porque tengo miedo de su Majestad.

Al escuchar esto, Federico Guillermo montó en una de sus famosas rabietas. Agarró al infeliz por el cuello, lo sacudió violentamente, y lo increpó:

- ¿Cómo te atreves a tener miedo de mí? ¡Soy tu rey, así que tienes que amarme! ¡Ámame, desgraciado! ¡Te ordeno que me ames!

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